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Hay estampas desalentadoras y las que vimos ayer en Palacio Municipal, que son aún más desalentadoras.

Ver al dirigente estatal del PAN, David Galván megáfono en mano, cual activista plazuelero de escasos recursos, pero flanqueado por Agustín Rodríguez, el siniestro ex secretario particular de Guillermo Padrés acusado de tortura, corrupción desmedida y otros crímenes sería cómico, si no fuera tan dramático.

Trémula hoja que mece el viento de las líneas dictadas desde la cúpula del PAN, donde aún lamen sus heridas por la derrota de hace dos años, Galván Cázares apareció por fin en una manifestación del movimiento No al gasolinazo que ya no se acuerda ni de la reforma energética ni de la renuncia de Peña Nieto, sino que ahora buscaba reventar una sesión de cabildo en la que se aprobaría la concesión del mantenimiento al alumbrado público, con el voto de Karina Barrera, regidora de su partido que completaba la mayoría calificada requerida.

Primero el PAN aprobó con todos sus regidores la concesión. Luego matizó con un sí condicional; luego dijo que no, pero ya era demasiado tarde, porque Karina Barrera ya estaba convencida de que la propuesta del Maloro para iluminar Hermosillo era lo mejor que podría pasarle a la ciudad y sus habitantes.

Y con ese voto, la concesión va.

Los del movimiento No al gasolinazo, cuyas cabezas visibles son Rosa María O’Leary y Patricia Duarte ya traían la brújula un tanto errática entre la toma de la caseta de cobro, la reinstalación de maestros cesados, la renuncia de Peña Nieto, la reforma energética y las precauciones por aquello de los infiltrados.

Los del Pueblo Unido contra el gasolinazo, escisión del grupo antes citado, estaban peor, porque ni representan al pueblo, ni están unidos ni les interesa el tema de los hidrocarburos, sino que sólo siguen a una suerte de Cerebro encarnado en Javier Dagnino, que tiene en Alfonso Cannan a su Pinky particular, y de los dos no se hace uno.

La decisión estaba en Cabildo, y allí las cosas ya estaban decididas desde antes, con el voto que lograba la mayoría calificada. Y ese voto vino del PAN, como ha ocurrido cada vez que el PRI necesita ese aval, o a la inversa, cuando el PAN necesitó de alguien del PRI, como Samuel Moreno Terán. O del PRD, como Gorgonia Rosas López o Alcira Chang, para hacer pasar sus iniciativas en el Congreso durante el padrecismo.

Los grandes perdedores en este tema no son los activistas que de buena fe mantuvieron el movimiento contra el gasolinazo que después derivó en la oposición a la concesión del alumbrado público. La gente de Morena, de organizaciones civiles, los y las independientes. Cuando mucho y si bien va, habrán perdido la ingenuidad que se traduce en post de Facebook preguntándose dónde está toda la gente que critica y combate en redes sociales, a la hora de llenar las plazas y las calles.

En realidad, los grandes perdedores aquí son los panistas, que operaron con lo que tenían y al final entregaron a una de las suyas para validar la iniciativa del gobierno priista del Maloro Acosta, para luego montar un mal espectáculo en el que se rasgan las vestiduras, reniegan de la traidora, la hacen pedazos en redes sociales y amenazan con expulsarla de un partido en el que ni siquiera milita, por lo cual tienen que rectificar, matizando con que sólo la separarán del grupo de regidores del PAN.

La historia es suficientemente conocida. Karina Barrera es esposa de Sergio Gutiérrez Luna, ambos incondicionales del padrecismo hasta el momento en que Guillermo Padrés cayó al bote y los dejó, como a tantos otros, en el desamparo frente a sendos expedientes judiciales que los podrían llevar a hacerle compañía.

El espectáculo montado por Galván y compañía es memorable: avalan la concesión en un primer momento. Luego ven que la oposición a ella podría capitalizarse políticamente y cambian la postura, para adelantar un voto en contra, que en realidad hubiera frenado la concesión. Luego Galván dice que votarán a favor, sólo si el alcalde demuestra que no se lesionará la economía popular y que no se hipotecará el futuro de la ciudad, lo cual es un cliché con alta dosis de demagogia.

Luego cambia la postura para amenazar con un voto en contra, pero ya era demasiado tarde porque el pasado padrecista de corrupción los condena, no sólo a Karina y su marido, sino a muchos otros que están en la reserva de la justicia por lo que se pudiera ofrecer en el futuro.

El escenario es dramático. El PAN como oposición se encuentra en el total descrédito, pero es el único partido que tiene margen de negociación con el gobierno en turno. La otra oposición puede tener muy buenas intenciones pero no tiene posiciones en los espacios donde se toman las decisiones.

Por otro lado, el gobierno del Maloro está obligado a dar resultados en el tema del alumbrado público en un plazo impuesto por él mismo, de entre 12 y 15 meses. De no ser así, el tema volvería a prender en momentos en que las campañas electorales ya estarían en apogeo.

La ruta crítica aparece clara. El gobierno municipal tiene ese plazo para probar que la concesión del alumbrado público se traducirá en un mejor servicio, sin costo extra para los ciudadanos, lo que a su vez levantaría los niveles de aprobación de la administración malorista.

Por supuesto, ya los panistas están preparando un ejército de ‘voluntarios’ armados con resorteras y lo que se pueda, para quebrar cuanta luminaria LED aparezca en las calles de la ciudad.

No es broma. Tenemos informes confiables de que el principal ‘operador político’ del PAN en Hermosillo, Gildardo Real, fue el encargado de organizar la protesta de los panistas en Palacio el día de ayer, con intenciones de reventar la sesión de cabildo.

Gildardo tiene, para esos menesteres, un grupo que ya está muy identificado en esas tareas, entre los cuales destacan: César Rascón, Carlos García, Eduardo Ortega, Luis Enrique Terrazas, Sergio Flores, Roberto Morguen, Denisse Beltrán y Cristina Ramírez, esta última con algunos pendientillos en la PGR por asuntos de mapachería electoral durante la etapa final del padrecismo. Todos ellos están plenamente identificados.

Por el lado de Karina Barreras, digamos que está a salvo. No la pueden expulsar del PAN, porque no es panista. Si algunos panistas se preguntan cómo es que llegó a esa posición, tendrían que buscar la respuesta en el padrecismo, y eso es darse un balazo en el pie.

Lo que ha trascendido es que ha recibido amenazas y por ello se hace responsables de lo que pudiera sucederle, a los panistas en turno de dirección, desde Damián Zepeda hasta sus ex amigos regidores.

Total que es un merequetengue y ya casi se nos acaba el espacio, así que mañana le seguimos.

II

Parecería que el Sonora de hoy se desdobla en dos planos: por un lado el Sonora de la revancha y los temas electorales no superados después de casi dos años, y por el otro el Sonora de la reconstrucción empeñado en levantar el tiradero que dejaron los que recién se fueron y que hoy, mantienen una agenda que reedita la confrontación y los enconos.

En un solo día, ayer, se pudo apreciar esto con singular claridad. En Hermosillo, el grito y el sombrerazo; los conatos de violencia, el debate por la concesión del mantenimiento al alumbrado público, llevado al plano de una virulencia inversamente proporcional a la efectividad de sus resultados.

En Nogales, de la mano del alcalde panista de aquel municipio, Cuauhtémoc Galindo, la gobernadora Claudia Pavlovich inauguró una escuela construida por empresarios de la firma Nissan, sobre un terreno donado por Nikita Kiriakis, que comprometió terrenos para levantar una secundaria y una preparatoria.

Colocó la primera piedra de lo que será una escuela integral sustentable; supervisó la remodelación del Hospital General y entregó más de mil 200 títulos de propiedad a igual número de familias.

También tomó protesta al Consejo Empresarial de Nogales, en un encuentro donde coincidieron todos los poderosos capitanes de la iniciativa privada local, ante quienes se comprometió a no quitar el dedo del renglón para gestionar la construcción de un aeropuerto regional; a fortalecer el concepto de Megarregión y a priorizar la obra pública de impacto social y productivo.

En los rubros de salud y educación, las obras entregadas ascienden a 40 millones de pesos en un municipio gobernado por el PAN y cuyo alcalde agradeció reiteradamente la vocación municipalista de la gobernadora, sin distingos de partidos políticos.

Mientras eso sucedía en Nogales, en Hermosillo los dirigentes de ese partido alentaban la toma del Palacio Municipal, arengaban a sus huestes a violentar las instalaciones y buscaban impedir que el cabildo sesionara para aprobar la concesión del alumbrado público, lo que finalmente ocurrió, paradójicamente, gracias al voto de una regidora de su partido, el PAN, sobre quien sus propios correligionarios descargaron su ira posteriormente, destrozando su honra.

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