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En Cajeme, el sacerdote Alejandro Solalinde, avizora el triunfo de Andrés Manuel López Obrador en el proceso electoral del 2018. Pero, también profetiza, que de no reconocerse la decisión del pueblo de México en las urnas, habrá estallido social.

Fuerte y extremo el presagio de Solalinde, quien descalifica anticipadamente a los futuros candidatos del PRI y del PAN, quienes de ganar “estoy seguro que esto no tendría un buen fin, sino que nos llevará a un estallido social de grandes proporciones”, como expresó durante conferencia de prensa.

El clérigo vino, pues, no a meter la cruz sino la espada. Y vislumbra el apocalipisis para las elecciones que vienen, desde un Municipio donde ciertamente la izquierda no ha alcanzado altos niveles electorales entre la ciudadanía, pero a pesar de ello sus líderes no adoctrinan, no forman nuevos cuadros, no difunden las principios de sus partidos, no llegan a la conciencia de la ciudadanía, sino que se concretan a mantener vigencia a través de las protestas, de lanzarse contra todo lo que les parece incorrecto, y eso no ha abonado, hasta ahora, a favor de sus candidatos en procesos anteriores.

Aquí, Morena alcanzó una sola regiduría en las elecciones municipales del 2015. El PRD ninguna. Movimiento Ciudadano no es de izquierda, sino de conveniencias.

Y esta realidad debe poner a pensar a los militantes de partidos progresistas, en el sentido de que los verdaderos movimientos sociales, la definición de cambios en las estructuras de poder y en el sistema mismo, se empiezan de abajo hacia arriba; y en Cajeme, al igual que en todo Sonora, muchos de los seguidores de Andrés Manuel comenzando por Alfonso Durazo y Javier Lamarque, están sentados a la sombra y figura de AMLO, esperando que su esfuerzo, su genio político, su irrenunciable persistencia por demostrar que puede lograrse lo imposible, rinda frutos.

Les falta, pues, labor de contacto, de interacción, diálogo con los ciudadanos, los obreros hombres y mujeres, con los estudiantes. Trabajo de tierra, mirando a los ojos de la gente, como lo hace el mismo Solalinde Guerra, en su activismo a favor de los derechos humanos…

Hay repudio entre el gremio periodístico por el cobarde asesinato de la reportera Miroslava Breach Velducea, corresponsal de La Jornada, en Ciudad Juárez, Chihuahua, e integrante del equipo del periódico Norte, de esa frontera.

La mataron frente a su hijo menor de edad, cuando salía en su auto de su hogar, para llevarlo a la escuela.

El odio, la impunidad, viven en el ambiente del país. Se respira como un humo tóxico exhalado por el anonimato de la delincuencia, pero también de quienes se escudan detrás de esa barrera perversa para linchar y exponer al escarnio público a quienes tienen autonomía de criterio y dicen su verdad, la que defienden; e igualmente defienden el derecho que tienen aquellos que con nombre y apellido exponen valientemente sus razonamientos y puntos de vista.

Desde Cajeme, mi voz solidaria exige justicia por Miroslava.

Le saludo, lector.

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