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Chuy Félix y Andrés Salas, cartas que el PAN soslaya.- Si ese partido no reconoce la urgencia de credibilidad y la finca en quienes pueden construirla, estarán perdidos.- Aquí la cuestión no es cambiar de amo, sino dejar de ser perro, dijo El Maquío

Bernardo Elenes Habas

Hay efervescencia. El terreno político se calienta.

Cierto, faltan menos de tres meses –septiembre- para que el INE instale oficialmente la apertura del proceso electoral 2017-2018, pero al interior de los partidos, y más bien de sus grupos y expresiones, los genes de hombres y mujeres tocados por la política, vibran. Se emocionan. Hacen cuentas. Y algunos calculan que les alcanza para estar en la gran carrera del 2018. Otros, aunque les falten divisas, trayectoria y talento, también quieren participar, porque le hacen honor a la frase fulgurante del Tlacuache Garizurieta, aquel célebre diputado priísta que inició su carrera en la época de Manuel Ávila Camacho, y que concluyó su trazado, suicidándose, durante el sexenio de Adolfo López Mateos: “Vivir fuera del presupuesto, es vivir en el error…”.

En el PAN Cajeme, por ejemplo, si sus notables se serenan y analizan con sentido común e inteligencia las premisas fundamentales de su situación actual, podrían encontrar la forma de construir un puente colectivo que los condujera por encima del lodazal que les heredó Guillermo Padrés.

Pero si insisten –comenzando por los dirigentes nacionales, estatales y municipales, Damián Zepeda, David Galván y Rafael Delgadillo- en creer que tienen la suficiente fortaleza para enfrentar los tiempos que vienen sin concretar la unidad, utilizando sólo el vocablo como metáfora discursiva, estarán perdidos con su autoengaño.

En Cajeme, deben reconocer que tienen al interior azul, dos cartas mayores, ante las que, si se unen, alejados de ambiciones enfermizas, podrán encontrar la ruta de la credibilidad y del triunfo que, inexorablemente han perdido: Jesús Félix Holguín y Andrés Salas Castro.

En torno a ellos podrían comenzar a sembrar, desde ahora, con limpieza política y honestidad histórica, la confianza unificada, señal que por razones naturales trascendería como una actitud honesta y humilde, hacia la sociedad.

Es decir, partirían de una realidad: Reconociendo que de lo que está urgido el PAN es de confianza. Y hasta el momento, ninguno de sus integrantes ha hecho algo para rehabilitar esa premisa que agoniza.

Quienes pudieron en su momento, sembrar tan urgente semilla desde su accionar en la estructura del Ayuntamiento de Cajeme como regidores (Sandra Montes de Oca, Joaquín Armendáriz, Vidal Martínez, Reyna Ramírez), han hecho todo lo contrario. Cultivando odios. Desesperanzas. Demostrando ausencia de oficio político. Dejando claro, ante propios y extraños, que siendo apenas cuatro militantes, están aislados, desunidos, cada quien sumido en sus ambiciones personales.

No habrá mañana para el PAN, pues, si no reconocen que además de luchar contra la sombra perversa legada por Padrés, e ignoran a sus más legítimos y populares representantes por celos y envidias, se quedarán sin la flor y sin la espiga, porque como diría alguna vez el Maquío Clouthier, aquí la cuestión no es cambiar de amo, sino dejar de ser perro…

Le saludo, lector.

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