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Bernardo Elenes Habas

El decálogo de AMLO.- El presidente violenta con sus actitudes los mandamientos que predica.- Se trata de pensamientos mágicos, donde no aparecen los compromisos republicanos que le urgen a la Patria

Bernardo Elenes Habas

No se atrevió, el presidente Andrés Manuel López Obrador, a asumir el nivel que merece su investidura, ante las urgencias que vive México.

Es decir, en lugar de convocar a quienes gobiernan las entidades para fijar, juntos y de acuerdo a la diversidad del país, un pacto nacional solidario para afrontar la “nueva realidad”, entregó un decálogo.

Amlo decálogo

Sí, diez compromisos mágicos que se constituyen en la férrea defensa del Gobierno de la República, ante la realidad del azote brutal del Covid-19 y su turbulencia económica, que estremece a las familias.

Le resultó, al presidente, más fácil escribir un decálogo hueco, alejado de la realidad que los vientos de guerra exigen contra la pandemia.

Redactó desde la comodidad de Palacio Nacional una “tabla salvadora” carente de la visión del estadista que los tiempos reclaman para defender y guiar a su pueblo por la ruta más segura, pero prefirió hacerlo con frases subjetivas y recomendaciones superficiales, donde la 4T no se compromete a asumir la responsabilidad que le corresponde en época tan aciaga.

Y, a pesar de lo simplista del decálogo, el mismo AMLO se encarga de violentarlo. 

Dice el punto número 1: Mantengámonos siempre informados de las disposiciones sanitarias; sigamos acatando las recomendaciones.

Pero el presidente no acata las recomendaciones de sus diez mandamientos, porque no usa cubreboca, ni permite se le aplique gel en las manos.

Señala el punto 2: Actuemos con optimismo. El buen estado de ánimo ayuda a enfrentar mejor las adversidades. Pero AMLO propicia la división con sus discursos de odio. Muestra su intolerancia a la crítica y arremete, visceral, contra quienes se atreven a señalarle errores en su gobierno. Quién no está conmigo, está contra mí, es su premisa.

Demos la espalda al egoísmo y al individualismo y seamos solidarios y humanos, expresa el numeral 3. Pero el señor presidente muestra su egoísmo e individualismo en las mismas “mañaneras”, donde exhibe a elementos de su gabinete, cuando sus exposiciones no cuadran con los datos y la visión que él tiene del ejercicio de gobierno y sus programas.

Y, así, cada uno de los mandamientos de su evangelio, no encajan con su comportamiento, porque dejó de ser solidario con empresarios mínimos que no se mueven en los fangosos terrenos de liberales y conservadores, sino en el trabajo productivo y generador de empleos, a los que abandonó inconmovible.

No se parece en nada el decálogo de AMLO, al Pacto Social que viene impulsando con el apoyo de empresarios, académicos, cultos religiosos, productores, intelectuales, artistas, la gobernadora sonorense Claudia Pavlovich Arellano, bajo el común denominador de la unidad a favor de la vida humana, social y económica, para construir la ruta por lo que se irá al encuentro de un nuevo amanecer en el estado.

Tal vez, dentro de algunos días cuando Andrés Manuel López Obrador visite Sonora, y exponga como oración sus diez mandamientos contra la pandemia y el hundimiento económico; la entidad, sus familias, comprueben que la salvación mágica, con decálogos, sólo es posible en los circos.

Le saludo, lector.

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