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El inmenso desierto de Atacama es la última frontera de los migrantes venezolanos que quieren instalarse en Chile, eso no impide que muchos migrantes venezolanos se lancen a cruzarlo a pie, con la meta de llegar a la capital chilena.

Pero cruzarlo, no es nada fácil, así lo narró una familia que salió el 25 de enero de Caracas con una mochila y 350 dólares como equipaje. Tras cruzar cinco fronteras, les quedan miles de kilómetros para llegar a Santiago de Chile.

Unos creen que Santiago (a más de 2.000 km al sur de Colchane) está cerca de esa frontera altiplánica que bordea con el pueblo boliviano de Pisiga.

Ahí se enteran de que para llegar a la capital primero hay que ver cómo avanzar a Huara, una localidad 170 km más abajo por esta ruta sin gente a la vista y clima inclemente. Los pocos poblados no tienen luz eléctrica y hay poca agua.

En estas zonas hay caseríos donde el rechazo a los venezolanos creció en enero, como en Quebe, poblado de pastores aymaras de alpacas. Allí cerraron la entrada con un cartel que advierte: “Cuidado Prohibido ingresar al pueblo “

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