¿Se atreverá la 4T a entrar a la historia?.-

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Bernardo Elenes Habas

¿Se atreverá la 4T a entrar a la historia?.- ¿O, solamente tiene valor la petición de perdón, a través de rituales de humo y fantasía por el sufrimiento de los pueblos originarios en su horizonte existencial?.- Están dadas las condiciones, ahora, con la alineación de Nayarit, Sinaloa, Sonora, para abrir el sueño del Río de la Vida, el PLHINO.

Bernardo Elenes Habas

La voz de Adelfo Regino, director del Instituto Nacional de Pueblos Indígenas, es una voz secuestrada, como la de quienes integran la 4T.

No se atrevió a hablar, a exigir por la vida del guerrero yaqui Tomás Rojo Valencia, cuando éste fue levantado. Y no lo hizo porque todos los funcionarios mayores y menores de la actual administración federal le tienen pavor a Andrés Manuel López Obrador, porque juraron obediencia ciega al presidente de México.

Y AMLO, es enfermizamente obstinado. Cumple para bien o para mal el empeño de su palabra. Hay ejemplos singulares al respecto: Irma Eréndira Sandoval, ex secretaria de la Función Pública, quien no siguió al pie de la letra los designios del señor, costándole tal desacato, el cargo.

Y, por el contrario, es notoria la forma en que gozan de la protección obsesiva y la fuerza moral que el Mandatario “contagia”, a pesar de estar en entredicho sus honras, sus comportamientos y supuestos renglones torcidos plasmados en los trazados políticos y humanos, de personajes como Félix Salgado Macedonio, Pio López Obrador, Felipa Obrador, Manuel Bartlett y su hijo. Ellos, por mandato oficial son intocables para la estructura presidencial. Y sagrados para el “pueblo bueno” de México.

¿Alguien se atrevería a contradecirlo?

Nadie. Porque pondrían su cabeza en la guillotina política, como le sucedió a Irma Eréndira.

Y si acaso surgiera la crítica por parte de quienes no pertenecen al organigrama oficial, sobre cualquier desatino, recibirían el ácido mortal que se vierte cada día en el patíbulo de las conferencias “mañaneras”, acusados, juzgados y condenados como traidores a la patria, fifís, conservadores, enemigos de la Cuarta Transformación, azuzándoles a la jauría cibernética que destroza implacable, sin atender razonamientos.

Esas consignas pesan en la conciencia de quienes son parte del equipo de AMLO. Por eso Adelfo Regino, pese a sus raíces indígenas y a su compromiso moral con todas las tribus de México, no se atrevió a exigir por la vida de Tomás, y solamente lo hizo una vez que AMLO, débilmente, sin asomo de convicción humana e histórica por la Nación Yaqui, dijo que se estaba investigando. Hasta entonces habló el director del INPI, para “condenar enérgicamente” el cobarde asesinato del activista yaqui.

Tomás Rojo Valencia era de la estirpe de Juan Maldonado Tetabiakte. Águila que sabía volar alto sobre los macizos del Bakatete, escudriñando los espacios de libertad del territorio yoeme. Tenía tatuada en la lumbre de su sangre la historia del Masokoba altivo, cuando la tribu dio una lección de dignidad y heroísmo al arrojarse desde las alturas, ancianos desarmados, mujeres, niños, a la profundidad de la cañada antes que perder su libertad, porque los soldados federales del porfiriato los mantenían emplazados, un 18 de enero de 1900, durante los días cruentos del exterminio. 

¿Prepara ya, Adelfo Regino el escenario para que un día, pronto, venga a Territorio Sagrado AMLO, a pedir perdón por quienes perdieron la vida en la guerra del gobierno federal contra el yaqui, por las miles de familias que fueron deportadas a Valle Nacional, Campeche, Yucatán, y jamás regresaron a su sierra, sus praderas y su río?

¿En ese ritual de humo y fantasía, se atreverán a hacer justicia como lo hizo Tata Lázaro en 1937; se devolverán los valores constitucionales al decreto de pertenencia de agua a la Nación Yaqui; se atenderá el podrido caso del Acueducto Independencia; se tendrá la visión de grandeza por Sonora, alentando, ahora que las condiciones sociales y políticas están dadas con la alineación de entidades como Nayarit, Sinaloa, Sonora, un proyecto encaminado a construir el Río de la Vida con el portento del Plan Hidráulico del Noroeste, a la altura del Tren Maya, de la Refinería Dos Bocas, del Aeropuerto Felipe Ángeles, o solamente esas obras insignias tienen valor y merecen la aplicación de grandes recursos económicos nacionales por órdenes del presidente, aunque para millones de mexicanos no representen la vida, como si lo hace, ahora más que nunca, el AGUA?

¿Se atreverán a entrar a la historia?

Le saludo, lector.

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