La polarización social es espesa y ácida.-

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La polarización social es espesa y ácida.- Se trata de un virus que pudre el alma de quien se contagia y es conducido por caudales perversos de la política.- Destruir estructuras del pasado, parece ser la premisa de la 4T.

Bernardo Elenes Habas

El odio, la polarización social, es, sin duda, un virus que pudre el alma de quien se contagia.

Esa enfermedad terrible subsiste desde hace mucho tiempo en México, pero ahora hace extremos en los últimos tres años, entrando a una etapa complicada, cuando anticipadamente desde el núcleo del poder político se marcan nuevas formas de gobierno, se adelantan tiempos para el relevo sexenal, se arremete contra la estructura de las instituciones y se genera una persecución subjetiva persistente, aunque negada, contra quienes exponen ideas, formas de pensar diferente a las del régimen actual.

Las ambiciones políticas de grupos, partidos e individuos, fueron ayer y siguen siendo ahora, el núcleo de dicha epidemia.

Peste tan agresiva se extiende por el país y sus entidades. Se puede detectar en Sonora, en Cajeme, con el comportamiento de quienes, sin recato alguno van contaminando voluntades, inoculando perversidad, sentido de venganza entre aquellos que los escuchan y los siguen.

Ya funcionaron, por ejemplo, las casillas para sentenciar, sin un juicio sustentado en ordenamientos legales, a expresidentes -que, ciertamente saquearon al país-, desbordando así las pasiones ciegas del revanchismo.

No obstante, hubo ciudadanos que a la hora de revisar las boletas donde se les convocaba a apoyar el fallo justiciero proveniente desde la máxima tribuna de la nación, “las mañaneras”, reflexionaron y expresaron opiniones, precisando que esos juicios deberían ser también para condenar a otros corruptos de altos vuelos, como Pio y Jesús López Obrador, hermanos del presidente. Pero de todos es sabido que ellos encontraron exoneración a sus presuntas conductas de corrupción, porque ese tipo de actos delincuenciales no están tipificados en el decálogo moral de la 4T, por tratarse de “aportaciones a la causa” y asuntos entre particulares.

Es graves, pues, la forma y el fondo cómo se desconoce y se destruye a las instituciones procuradoras de justicia. Cómo se arroja a la hoguera los códigos que contienen las leyes. Cómo se pretende someter al INE y al TEPJF. Cómo se entra a una etapa de juicios populares con los que su busca la satisfacción morbosa de las mayorías, sin importar que se equivoquen, convocándolas a que digan a grito abierto y mano alzada, a quién desean que se condene o se indulte, a Jesús o a Barrabás.

Así son, guardadas las proporciones, los procesos de incivilidad y encono que está sembrando la 4T. Alentando expectativas superficiales. Haciendo retroceder al país a épocas de barbarie, donde sólo falta que aquellos a quienes se encuentre culpables por la muchedumbre sedienta de venganza, sean conducidos al paredón para recibir las descargas salvajes del fusilamiento.

Esta situación no debe tomarse a la ligera, porque los contagios de odio, son irreversibles. No existe vacuna para combatirlos. Menos, cuando se alientan día a día desde Palacio Nacional.

Se avizoran, por las condiciones objetivas y subjetivas que prevalecen en el tejido político del país, de los estados, tiempos impredecibles.

El odio está en el ambiente. No hay vacuna.

Le saludo, lector.

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