Nuevas claves sobre la formación de las heces

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Un nuevo estudio de la Universidad Flinders ha desvelado algunos interesantes detalles sobre las heces de las cobayas que podrían aportar nueva luz sobre el tratamiento de infecciones intestinales y trastornos colorrectales

La importancia de las heces como indicador de la salud es un hecho sobradamente conocido y demostrado a lo largo de la historia. En diversas civilizaciones de la antigüedad se ofrecía un diagnóstico más o menos fiable a partir del tamaño, la forma y la textura de las heces. De hecho, en cierto modo, esta práctica ha pervivido hasta nuestros días, pues no es extraño que, ante determinadas dolencias, los doctores pregunten a los pacientes cuándo fue la última vez que defecaron, y qué forma y textura tenían dichas deposiciones.

Hablar sobre las heces puede resultar desagradable, pero es necesario. Y es que donde acaban los escrúpulos empieza la ciencia. A pesar de su esencia escatológica, los excrementos nos dicen mucho sobre nuestro estado de salud. El análisis de la textura, la consistencia o la periodicidad de las heces nos puede arrojar nueva luz sobre distintos tipos de dolencias, como la enfermedad inflamatoria intestinal, el síndrome del intestino irritable o las infecciones intestinales, así como otros tipos de complicaciones colorrectales.

Una de esas claves está relacionada con la forma que adquieren nuestras deposiciones, un parámetro que sigue siendo un misterio para la ciencia. Ahora, una nueva investigación dirigida por el profesor Marcello Costa, de la Universidad de Flinders de Adelaida y publicada en la revista Journal of Physiology, proporciona nueva luz sobre ese proceso. Los investigadores han diseccionado el complejo mecanismo que permite a las cobayas excretar esos fragmentos fecales tan sólidos en forma de bolas, un proceso en el que participa el sistema nervioso entérico, una división del sistema nervioso central encargada de controlar el aparato digestivo.

“Hemos podido demostrar por primera vez que el colon de las cobayas no solo puede controlar la propulsión del contenido sólido y líquido, sino que incluyen circuitos neuronales que son capaces de separar el contenido fecal homogéneo del colon proximal (la primera parte del intestino grueso) en bolitas compactadas al llegar al colon distal (la parte más próxima al recto)”, afirma el profesor Costa, catedrático de Neurofisiología de la Universidad Flinders y autor principal del estudio.

“El hallazgo demuestra la notable capacidad del sistema nervioso entérico para realizar comportamientos motores complejos, incluso cuando está desconectado del sistema nervioso central”, afirma este experimentado científico, uno de los pioneros mundiales en el estudio de esta subdivisión del sistema nervioso, disciplina a la que ha dedicado largos años desde que empezara a investigar con cobayas en la década de 1970.

Los científicos llegaron a esta conclusión tras combinar varias técnicas complejas ideadas por el equipo del profesor Costa en las que se registraron simultáneamente la actividad mecánica y eléctrica del intestino.

Nick Spencer, profesor de la Facultad de Medicina y Salud Pública de la Universidad Flinders y coautor del citado estudio, asegura que esta parte del sistema nervioso, al que llama ‘mini cerebro’, es capaz de generar comportamientos motores complejos que convierten la materia fecal más viscosa en una solución más sólida en el colon distal.

“Los circuitos neuronales entéricos son únicos, en el sentido de que contienen un complemento perfecto de neuronas que son capaces de operar y controlar las funciones motoras del intestino,”, explica el profesor Costa a National Geographic España a través del correo electrónico. Este hecho tiene una explicación, razona el científico, y es que los ganglios entéricos incluyen tres tipos de neuronas: sensoriales (sensibles a estímulos mecánicos y químicos), interneuronas (que distribuyen las señales a través de los intestinos) y motoras (que contraen el músculo), cada una con distintas conexiones sinápticas y distintos neurotransmisores, que posibilitan una acción independiente pero combinada.

Bucle neuromecánico

Se trata, pues, de un mecanismo complejo llamado “bucle neuromecánico” que implica distintas fases del sistema nervioso, una orquesta sinfónica que procesa, moldea y hace avanzar la materia fecal a través del intestino para desembocar en la formación de un tipo de heces sólidas. Primero, separados en gránulos, para luego formar amalgamas en forma de bolitas antes de salir excretadas por el recto. “Es probable que la evolución conserve mecanismos similares en todos los herbívoros, afirma Costa, aunque también podría darse en especies omnívoras, como los ratones, y muy probablemente en humanos”.

Comprender el funcionamiento de los intestinos de los animales y de los seres humanos es fundamental para entender y tratar a largo plazo las complicaciones funcionales que pueden surgir en nuestro proceso de digestión, como pueden ser la diarrea o la incontinencia fecal, que a menudo pueden producirse después de cirugías colorrectales que afectan a que afectan a la unión sigmoidearectal, donde el intestino grueso se une al recto.

Futuras investigaciones determinarán el funcionamiento de este complejo sistema de formación de heces y determinarán cómo controlar los distintos agentes implicados en el proceso. Hasta la fecha, los estudios desarrollados por el profesor Costa podrían ser un punto de partida para empezar a dar a las heces la importancia que se merecen.

Fuente: nationalgeographic.com.es

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