Maten al mensajero

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Toda transición trae consigo un reacomodo de los grupos de poder, un cambio en la correlación de fuerzas políticas y un replanteamiento de las relaciones entre el gobierno y los poderes fácticos, señaladamente los representados por algunos medios de comunicación.

La llamada 4T no ha sido la excepción. Desde su llegada a la presidencia, López Obrador institucionalizó su conferencia ‘mañanera’ como el centro de la propaganda, el culto a la personalidad, el espacio desde el cual gobierna (¿alguien se ha preguntado qué hace el presidente después de esa aparición cotidiana?); el tribunal supremo y el ominoso patíbulo. 

En menor medida, la ‘mañanera’ también sirve para informar sobre algunas cosas que el gobierno hace.

Así como desplazó a poderosos grupos de poder económico que le eran (y le siguen siendo) adversos, también lo hizo con importantes corporativos de radio y televisión que, hay que decirlo, en algunos casos formaban parte del primer bloque citado.

Sin embargo, Televisa se mantiene vigente y TV Azteca es uno de los medios consentidos del nuevo gobierno, gracias a la excelente relación de su dueño, Ricardo Salinas Pliego con el presidente, algo que le ha permitido además seguir con sus multimillonarios negocios de envío de dinero, servicios bancarios y demás.

A los que pudo ahorcar financieramente, lo hizo. Hoy como ayer, el principal ingreso de los medios de comunicación es el presupuesto público. Son excepcionales aquellos que se sostienen con un ingreso mayoritariamente privado, aunque los hay.

Hubo también una nutrida lista de periodistas cuyas fortunas personales crecieron desmesuradamente bajo el viejo régimen y a quienes el nuevo gobierno cortó el flujo de recursos al que estaban acostumbrados, haciendo aflorar con ello su vena crítica, estimulada además por el hecho de que el propio presidente los ha sumado a su larga lista de adversarios políticos.

Algunos perdieron sus trabajos y sus audiencias; unos más migraron a otros medios y, a despecho del nuevo gobierno siguen encabezando los ratings, incluso por encima de medios y comunicadores que vinieron a jugar el papel que ellos desempeñaban en el pasado. Ciro Gómez Leyva y Joaquín López Dóriga son los villanos favoritos del presidente, pero sus audiencias siguen contándose por millones, aunque eso no sea del presidencial agrado.

Carlos Loret y Brozo tuvieron que migrar a Estados Unidos y desde Latinus, se han convertido en una permanente migraña para el nuevo gobierno y particularmente para el presidente. Desde allá han documentados casos de corrupción de la 4T como el de Manuel Bartlett y su hijo; el de Pío López Obrador y Felipa; el de Irma Eréndira y John Ackerman, entre otros que no han podido ser desmentidos, aunque sí enterrados y solapados.

Utilizando los medios de Estado (y por tanto el presupuesto público), a Loret y Brozo los han insultado, ridiculizado, cremado en la hoguera mediática oficial, pero ¡oh sorpresa!, no los han desmentido.

No se trata de victimizar ni mucho menos ponderar a estos personajes como prospectos a Pulitzer, pero hay que reconocer que, ya sin la dependencia del recurso gubernamental (al menos de la presidencia), y con los contactos y fuentes obtenidas y trabajadas a lo largo de décadas de experiencia, a cada rato hacen derramar la bilis del oficialismo.

Un oficialismo particularmente sensible y muy reactivo, que se revuelve furioso cada vez que tocan alguna fibra sensible, particularmente si lo hacen documentadamente. Un oficialismo que reacciona virulento contra quien sea que vaya a contracorriente de la línea y la figura presidencial.

Y cuando digo ‘contra quien sea’, es contra quien sea. La mismísima Carmen Aristegui, periodista lópezobradorista si las hay, ha sido víctima de esos linchamientos en coyunturas específicas. Por ejemplo cuando denunció los despidos y trapacerías que Sanjuana Martínez hizo y sigue haciendo en la agencia gubernamental Notimex, de la que es directora. 

Las hordas pejistas se le fueron a la yugular, sin miramientos.

Valga la anterior digresión para anunciar lo que estamos por ver en los próximos días: una andanada mediática contra Carlos Loret de Mola, a quien de nueva cuenta le van a sacar el asunto de Florence Cassez, sus amoríos en una cabaña, su pasado ‘chayotero’, su relación con políticos del viejo régimen y lo que la inquisidora lectora, el furioso lector guste y mande.

¿Por qué?

Bueno, porque el periodista lanzó ayer otro misil que da justo en el centro de la narrativa oficial que predica la austeridad republicana, la santidad del templo; la cartilla moral que llama a no robar, no mentir, no traicionar; la pobreza franciscana que mandata a ir por la vida con 200 pesos en la cartera y un solo par de zapatos, un pantalón y una camisa, y nada de aspirar a carros y casas y demás tentaciones burguesas.

Resulta que Loret difundió ayer información relativa a propiedades no declaradas por Alfonso Durazo que alcanzan un valor superior a los 200 millones de pesos: un rancho de mil hectáreas, un edificio en Hermosillo, una casa en la playa, entre otras.

Para esconderlas, el candidato de Morena a la gubernatura utilizó la empresa inmobiliaria Alta Sierra, en la que participan como accionistas su esposa y su hijo, y de la cual él mismo fungió como administrador cuando se realizaron la mayor parte de las compras, de acuerdo con el reporte.

El tema son las propiedades, pero también el hecho de que no las incluyó en la declaración patrimonial que apenas presentó hace un par de días. 

Raymundo Riva Palacio, otro de los periodistas satanizados por el régimen amplió la lista de propiedades a 18 y el valor a 350 millones de pesos.

Ofrece algunos datos extra: esas propiedades fueron compradas a precios muy por debajo de los del mercado. Por ejemplo, el terreno en la presa Abelardo L. Rodríguez, de Hermosillo, con extensión de un millón de metros cuadrados  (más grande que toda la colonia Pitic, cita) lo adquirió a un costo de 12 centavos el metro cuadrado, de manera que pagó poco más de 112 mil pesos, por un predio que hoy cuesta 48 millones de pesos.

Entre las propiedades enlista un departamento ¡en Polanco! Por el que pagó 7 millones, pero hoy cuesta casi 30 millones.

El punto no es la sagacidad empresarial y la visión a futuro del político y empresario que ha hecho suya la consigna lópezobradorista de primero los pobres, sino las dudas sobre el origen de sus ingresos, algo que sin duda va a afectar su campaña por la gubernatura.

Claro, Durazo tiene la oportunidad de aclarar y desmentir todo lo expuesto por los periodistas, con lo que se anotaría un excelente triunfo, dejándolos como falsarios e interesados en calumniarlo, fortaleciendo así su imagen de pulcritud y honestidad, lo que ayudaría mucho a su campaña.

Sin embargo, si por la víspera se saca el día, lo que es más probable que ocurra es que recurra a la vieja confiable de matar al mensajero. No desmentir la información, sino acusar a Loret y a Rivapalacio de chayoteros al servicio del PRIAN, un bonito cliché que ya está circulando en redes por parte de algunos de sus defensores oficiosos y no tanto.

El problema es que los días que corren no son los mejores para la 4T y sus personeros. Han menudeado los escándalos en su contra y sumarle uno más no solo mete en aprietos al propio candidato, sino que salpica hasta al propio presidente, hoy concentrado en la persecución del gobernador de Tamaulipas, Cabeza de Vaca, a quien acusan de lavado de dinero y delincuencia organizada.

Lo que menos le convenía al presidente era que apareciera alguien de su equipo con más propiedades que la moringa, y mucho menos que fuera un candidato de su partido a una gubernatura, en este caso, de Sonora.

La posición del presidente es predecible: va a descalificar a Loret como lo ha hecho en muchos casos anteriores, pero en el contexto de los días finales de un proceso electoral en el que sus candidatos van a la baja en varios estados, las banderillas ya están clavadas.

Dice la vieja conseja popular que si quieres saber algunos pasajes de tu historia que ni siquiera tú conocías, métete de candidato, ahí te los van a recordar todos.

Eso está pasando en Sonora con Alfonso Durazo, que debería estar concentrado en el cierre de su campaña, pero ahora tendrá que invertir tiempo y recursos para desmentir, o al menos explicar las acusaciones que pesan en su contra.

Se pone intenso el último tramo de las campañas electorales en Sonora.

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