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Tengo la convicción de que el periodismo, con mucho, es una actividad que construye puentes para que la voz sincera de la sociedad sea escuchada. Asimismo, que quienes lo ejercemos somos, en cierta forma, servidores públicos, y no por haber logrado esa distinción con el apoyo de grupos de poder, partidos, campañas, votos, sino por motu proprio, que es doblemente valioso.

Y la congruencia, es uno de los valores que debe caracterizar a quienes ejercemos este oficio de extremos, porque lo mismo se realiza a ras de tierra, o en sitios deslumbrantes, donde la clase política tiene sus fortalezas. Manteniendo siempre la certidumbre de que los periodistas tenemos credencial de luz, para entrar con Dios o con el diablo.

Hace algunos días, reprobando el asesinato de la reportera Miroslava Breach Velducea, de Chihuahua, y uniéndome al gremio en un plantón de vanguardia realizado en la explanada del teatro Oscar Russo Vogel de la ciudad, escribí que los trabajadores de la palabra impresa, electrónica, cibernética, habían dado una demostración de unidad admirable, manteniendo la premisa de que cuando la injusticia, la barbarie, el crimen, la violencia, golpea a uno de los nuestros, nos golpea a todos.

Hoy, lo sostengo.

Y, con voz solitaria, repruebo la agresión de que fue objeto el periodista Aureliano Rincón Candelas, por integrantes delPeriodistas de Cajeme 6 Gobierno del Estado, durante la reciente gira de Claudia Pavlovich por Cajeme, a quien se le reprimió físicamente y no se le permitió realizar su labor informativa y de opinión.

Podré o no estar de acuerdo con el pensamiento crítico de Aureliano, pero sí defiendo el derecho que tiene -como lo tenemos todos- para expresarse.

A Aureliano no se le dejó subir al camión donde se desplazaron, en parte del recorrido, varios comunicadores para que sostuvieran diálogo con la Gobernadora; vehículo que yo tampoco abordé.

Al menos, el Periodista agraviado, se merece una disculpa pública, por las diferencias que se suscitaron, pero también se vuelve imprescindible un cambio de actitud entre los mandos de Comunicación Social del Gobierno, alejándose de prácticas selectivas, y admitiendo que igual valor tiene quien reconoce aciertos de los Gobiernos en turno, como el que critica yerros, porque después de todo los cargos públicos caducan cada tres o seis años, y el ejercicio de la profesión de informar, cuando se trae en la sangre, es para toda la vida…

El fin de semana anterior, se cumplieron tres años de la muerte de mi madre, quien me enseñó el valor de las palabras, ser agradecido, y amar a la Naturaleza en toda su dimensión.

chinames 6Ella, lo he comentado, me regaló, una tarde de invierno de mi niñez, las parvadas de gorriones que cruzaban el limpio cielo de Cajeme, cuando tenía aroma rural y por las noches, parecía que las estrellas podían tocarse con las manos…

Muchos poemas le escribí en vida, y cuando se marchó buscando la eternidad, le dediqué una canción, que suelo murmurar con mi guitarra, cuando las sombras llegan junto con la soledad…

La acompaño con un rasgueo de 2 por 4, pausado, en círculo de La. Es decir, La mayor, Fa sostenido menor, Si menor y Mi siete:

Qué solo me dejaste/ la tarde del adiós,/ las aves emigraron,/ la lluvia comenzó;/ hundido en mi nostalgia/ lloré implorando a Dios,/ que también me llevara,/ allá…/ donde ya no hay dolor…

La tarde que te fuiste/ mi alma enmudeció,/ ya no pude entregarte/ mi última canción;/ añoro tu presencia,/ sufro mi soledad,/ no hay luz en mi sendero,/ porque…/ todo se oscureció…

La tarde que te fuiste/ mi cielo se nubló,/ la casa quedó triste,/ ya no tenía tu voz;/ tus cantos, tus leyendas,/ tus plegarias de sol,/ se fueron con la lluvia,/ mamá…/ contigo, me fui yo…/ Se fueron con la lluvia,/ mamá…/ contigo, me fui yo…

Le saludo, lector.

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