Bajaron al toro prieto…

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En una votación tan cerrada (6-5) siempre quedará la duda sobre las consideraciones que alguno (o algunos) consejeros electorales del INE hubieran hecho si Félix Salgado Macedonio no los hubiera amenazado de muerte y amagado con llevar su protesta hasta sus domicilios particulares.

Porque las amenazas no fueron solo contra los villanos favoritos del morenismo, Lorenzo Córdova y Ciro Murayama, sino contra los siete consejeros y consejeras.

Posiblemente hubieran permeado más en el Consejo General los argumentos a favor de una reconsideración de la sanción, si Salgado Macedonio hubiera mantenido la protesta en el espacio no de la civilidad, que es mucho pedir, sino al menos a distancia de los métodos del crimen organizado, con mensajes sicilianos, ataúdes y coronas de muertos incluidos.

El asunto no se ha resuelto en definitiva. El INE ratificó la sanción que marca la Constitución para quien viole la ley en materia de gastos de precampaña, pero esa decisión será impugnada en el TEPJF, donde se presume una correlación de fuerzas más favorable, de manera que le reintegren la candidatura. Personalmente creo que eso va a suceder.

Sin embargo este episodio que comenzó con un candidato impresentable, impugnado desde dentro de Morena sobre todo por las mujeres debido a sus antecedentes de acoso, abuso y violación sexual, trascendió las fronteras de Guerrero y terminó de construir esa narrativa fanática que mandata a votar por cualquier delincuente siempre y cuando no sea del PRI o del PAN.

Pero ni la oposición de Irma Eréndira Salazar, la secretaria de la Función Pública cuyo hermano Pablo Amílcar le disputó la candidatura a Salgado; ni la ‘cargada’ del esposo de la funcionaria, John Ackerman; ni la oposición de las feministas fueron suficientes para detener la imposición que venía directamente de Palacio Nacional.

Independientemente de cuál sea el desenlace, lo único seguro es que se trata apenas del prólogo de una historia construida desde la narrativa del fraude anticipado, la desacreditación de las instituciones atizada desde el mismísimo Palacio Nacional.

Así se construye todo el entramado para desconocer, con razón o sin ella, cualquier resultado que le sea adverso al partido oficial. Una narrativa que por cierto no les es ajena, pero la diferencia es que antes lo hicieron como oposición y ahora lo están haciendo desde el gobierno.

La diferencia no es menor. Poner el aparato de Estado al servicio de las causas del partido es muy del viejo régimen, pero para allá parece que vamos.

II

Es tiempo de mucha confusión. No son pocos los liderazgos de Morena que se han pronunciado por la extinción del INE bajo el argumento de que está al servicio de la mafia del poder, que es un instrumento del conservadurismo para perpetrar fraudes electorales y que debe morir para dar paso a un nuevo organismo.

Pero esta consigna es un balazo en el pie. Los consejeros del INE son electos por una mayoría calificada de la Cámara de Diputados. De hecho, el año pasado fueron nombrados cuatro nuevos integrantes que relevaron a igual número de consejeros a quienes se les venció el plazo para el que fueron electos.

Fueron electos por esa mayoría calificada en la que el contingente más nutrido de diputadas y diputados lo integraron militantes de Morena y sus aliados. Acusarlos ahora de complotar contra ese partido es colocar a esos legisladores que los eligieron, prácticamente en el cadalso de los traidores.

O por lo menos, tacharlos de ignorantes, desleales y/o ineptos.

II

Mientras tanto en Sonora siguen los problemas. Aunque ya venció el plazo para el registro de candidatos y candidatas a diputaciones locales y alcaldías, las designaciones dejaron una estela de damnificados e inconformes.

Más que confusión, lo que traen es coraje y lo peor, con ellos mismos. Saben que los dejaron fuera de las candidaturas mediante el gran montaje de una encuesta que nadie conoció y que en corto admiten que jamás existió. 

Saben también que la mayoría de candidatos y candidatas son de reciente ingreso al partido y llegaron desde el PAN y el PRI mayoritariamente, y se sienten desplazados por ellos.

Por eso tienen una larga lista de impugnaciones que, para ser realistas, difícilmente prosperarán. A muchos los han conformado con suplencias, lugares en las planillas para ayuntamientos o promesas de trabajo cuando ganen las elecciones.

Los más disciplinados van a plegarse, haciendo de tripas corazón y sumándose como fieles soldados de la causa, a las campañas de quienes les ganaron las candidaturas. No lo hacen de buena gana, pero asumen que sería una traición a su propia militancia migrar a otro partido o apoyar a otros candidatos.

Pero no todos piensan así. Rumiando su decepción ya decidieron apoyar, abierta o subrepticiamente a candidatos y candidatas de otras opciones electorales, de acuerdo a las condiciones específicas que se viven en cada localidad. 

En algunos municipios del sur del estado, por ejemplo, ya hay negociaciones con Movimiento Ciudadano y con los partidos que integran la Alianza Va por Sonora.

¿De qué tamaño será el hueco que le hagan a Morena? No se sabrá hasta el día de la elección, pero en los próximos días veremos posicionamientos y reclamos sobre este tema.

Pendientes.

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