Crónica de una revancha anunciada

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En el salón de plenos, el fantasma de la victoria que quiso ser y no fue se levanta, se sacude el polvo, se desamodorra, se lame las heridas; en sus labios, el sabor agridulce la de venganza alimenta su sonrisa.

‘Nos han vendido, pero no nos han vencido’ es más que una consigna en los mítines de la izquierda que una y otra vez puso la otra mejilla y ahora le toca medir con la vara que fue medida durante tanto tiempo.

Hace tres años la mayoría morenista quiso hacer valer los votos que los llevaron junto a sus inconsistentes aliados a una victoria abrumadora que sin embargo, no pudo traducir en la necesaria reestructuración administrativa del Poder Legislativo, que le permitiera la gobernabilidad desde el proyecto que ganó en las urnas pero de manera casi inexplicable perdía en las votaciones del pleno.

‘Casi’, digo, porque ya ha corrido mucha tinta para explicar cómo entre la novatada, el encandilamiento de los menos convencidos y el sonoro rugir de los cañonazos que salían de Palacio de Gobierno la mayoría morenista crujía y se difuminaba en votaciones divididas que terminaban arrinconándola como si de una minoría se tratase.

La elección 2021, con el triunfo repetido en la abrumadora mayoría de los distritos, pero sobre todo con el triunfo de su candidato al gobierno del estado lo cambió todo.  La nueva mayoría se descubrió intacta y se declaró lista para la revancha.

Lo primero que hizo fue rescatar de los archivos la reforma que en agosto de 2018, ya para despedirse y a sabiendas de lo que venía, la feneciente legislatura de mayoría priista-panista-panalista-verdecologista les recetó para afianzar en sus cargos no solo a los administrativos del Congreso, sino a titulares de otros poderes, magistrados del Poder Judicial, fiscales y vicefiscales, cabezas de los organismos autónomos.

Apenas la semana pasada se publicó en el Boletín Oficial del gobierno del estado la reforma a esa reforma (que en sentido estricto es una contrarreforma)  y ayer martes la hicieron valer. 

Los que hace tres años se amotinaban en las escalinatas del Congreso coreando consignas y exigiendo frenar una iniciativa que suministraba vida artificial a la hegemonía priista, hoy ocupan las curules. El mismísimo Jacobo Mendoza que entonces firmaba como dirigente estatal de Morena y estaba al frente de aquella protesta apagada con votos incluso de sus propios aliados, hoy está en la presidencia de la Mesa Directiva.

Un destello de satisfacción le ilumina el rostro cuando dirige la orquesta legislativa. Concede la palabra, deja correr los argumentos de la oposición que se oyen pero no se escuchan porque hoy como ayer se respetan los puntos de vista pero no se comparten. ¿Para qué quieres argumentos y exposiciones magistrales si tienes la mayoría de los votos?

No es lo mismo quedar como calcomanía debajo de la rueda de la aplanadora, que manejar la aplanadora y pasarle por encima a quien sea. En tres años los protagonistas de la historia legislativa rotaron sus papeles. Las aplanadoras de ayer son las calcomanías en el piso de hoy.

Y en esa tesitura, el único que se salvó de la quema fue el vicefiscal anticorrupción Rogelio López García, que un día después de que la nueva administración estatal tomara posesión de sus cargos, sustituyó a Odracir Espinoza quien presentó en la víspera su renuncia.

El vicefiscal de Delitos Electorales, Daniel Núñez Santos fue el primero en no ser ratificado, lo que eufemismos aparte, significa que muchas gracias por los servicios prestados pero ya no cabes en la nueva realidad política del estado. 

Daniel es un joven abogado de indudable consistencia profesional, incuestionable bagaje académico forjado en asesorías legislativas, como director jurídico del Congreso y como consejero electoral en el IEE, pero su ciclo ha concluido, al menos en esta etapa.

Hablamos de eufemismos legislativos porque los diputados no despidieron a nadie, simplemente y como indica la reforma aprobada por ellos mismos, no los ratificaron, que no es lo mismo pero es igual.

Y de allí para abajo, así se la aplicaron a todos los titulares de las direcciones y subdirecciones del Congreso.

De los relevos no se sabe mucho, salvo que el colega y amigo Jesús Olivas Figueroa sustituirá en la Dirección de Comunicación Social al no menos colega y no menos amigo Alberto Nevárez Grijalva, cuya capacidad profesional y de gestión de conflictos, su conocimiento del medio y sus artes de cabildeo con todas las fuerzas políticas está fuera de discusión. Sin embargo, tampoco cabe en la nueva correlación de fuerzas.

Jesús Olivas tiene frente a sí una tarea que de ninguna manera es menor, pero también tiene la experiencia y el conocimiento del medio para sacarla adelante.

Otro que tiene asegurada la Oficialía Mayor es Julio César Navarro Contreras. De los considerados morenistas químicamente puro, ha sido consejero estatal del partido, delegado de Migración y en su momento se inscribió como precandidato al gobierno del estado, declinando pocos días después para no poner en riesgo la candidatura de Alfonso Durazo que con ese registro estuvo a nada de abandonar su sueño de gobernar Sonora.

(Esto, obviamente, es un chistorete, disculpe usted mi solemne lectora, mi institucional lector).

De allí en fuera nada más se sabe, excepto que en a más tardar en 15 días se conocerán los nombres de los relevos en el Congreso del Estado, pero seguramente será antes, porque ya muchas y muchos están agotando sus reservas financieras en el pago de fisioterapeutas que les compongan el manguito rotador, desgastado de tanto ensayar para el ‘sí, protesto’.

Hubo, desde luego, el sacrosanto y democrático derecho al pataleo. Diputados y diputadas de oposición cuestionaron, más que los inexorables relevos, las formas para concretarlos. 

Y es que la diputada Claudia  Zulema Bours, aliada verdeecologista de Morena fue la encargada de leer (muy mal, por cierto) un posicionamiento a propósito del tema en el que hizo tabla rasa de los condenados a la no ratificación, asumiendo que todos traían la marca del diablo neoliberal y por lo tanto deben irse con sus pasados corruptos o cómplices a otro lado.

Eso activó reacciones entre legisladores de oposición. Una de las más puntuales y certeras fue la perredista Alma Manuela Higuera que advirtió sobre los riesgos de la soberbia y los desplantes autoritarios.

Antes de juzgar a todos con el mismo rasero, deben considerar que ellos tuvieron jefes; que el principio de no robar alude no solo a los recursos públicos, sino a la dignidad humana, y los hoy despedidos no tienen por qué abandonar sus cargos por la puerta trasera. Recuerden, advirtió, que la rueda de la política gira siempre y los juzgadores de hoy serán los juzgados de mañana.

Ernesto de Lucas, Alejandra López Noriega, Rosa Elena Trujillo también cuestionaron las formas: se está despidiendo a gente poniéndola bajo sospecha de corrupción cuando nunca manejaron un solo peso del presupuesto; se va a despedir a personas vulnerables, incluyendo a una enferma de cáncer; los integrantes de la CRICP que no somos de Morena, nos enteramos del dictamen por la gaceta parlamentaria, ni siquiera tuvieron el gesto de informarnos personalmente, fueron algunos de los reclamos.

Reclamos que de nada valieron, por supuesto.

Finalmente ayer se desahogó este tema, que se veía venir y que a pesar del mayoriteo previsible requirió de una buena dosis de operación política. Los reclamos de la oposición a las formas eran igualmente previsibles, pero eso no significa que hayan quedado completamente fuera de la jugada.

Determinar los detalles de la recomposición administrativa del Congreso requirió de un buen cabildeo desde Palacio, y el que estuvo a cargo fue nada menos que el subsecretario de Gobierno, Guillermo Díaz que finalmente parece haber encontrado el entorno en el que mejores resultados ha obtenido.

El Memo Díaz pasó fugazmente por los tribunales laborales federales al triunfo de la 4T en 2018, luego estuvo a cargo del programa Jóvenes construyendo el futuro y aspiró a la dirigencia estatal de Morena. Con la victoria de Alfonso Durazo fue integrado al gabinete como subsecretario de Desarrollo Político, cargo desde el cual participó activamente en el cabildeo con las otras fuerzas políticas en este tema.

Tres años después, se concretan los cambios. La rueda de la política, como dijo la diputada perredista, sigue girando.

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