
¡No abandonen a médicos y enfermeras!.- Ellos son, sin duda, héroes reales atendiendo la feroz embestida del coronavirus; haciéndolo, en muchos casos, sin insumos ni equipos.- El columnista Alberto Vizcarra señala, que se trata de verdaderos soldados de primera línea, en esta terrible batalla por la vida
Bernardo Elenes Habas
Dramáticos los llamados de apoyo de médicos y enfermeras de diferentes partes de la geografía nacional, ante el abandono que padecen de insumos y equipos para cumplir sus tareas heroicas enfocadas a salvar vidas.
Hay clínicas del IMSS -Tijuana, por ejemplo-, donde se padece tan grave abandono.

Repito mis apuntes del 6 de abril, cuando señalé que no son los políticos, quienes deberán erigirse como salvadores de la Patria. En estos momentos de incertidumbre y pandemia, esa misión noble y alta la realizan médicos, enfermeras, trabajadores de la salud, quienes a pesar del abandono que sufren por carencias de equipos e insumos, cumplen su deber, su limpia vocación, entregándolo todo…
Ahora más que nunca queda muy claro que no son los políticos, los gobernantes, funcionarios públicos, quienes están asumiendo en los hechos, durante días de azoro e incertidumbre ante la pandemia del Covid-19,, la salvaguarda de las familias de México.
Esa vanguardia heroica, la constituyen los médicos, enfermeras, trabajadores de la salud.
Ellos, sin buscar medallas para sus nombres y tareas, sin aspirar a ser protagonistas de reportajes televisivos, radiofónicos, impresos, o vibrar en los nervios en ocasiones perversos y contaminados de las redes sociales, son quienes cumplen su deber y su juramento irrenunciable, aportando incluso, resignadamente, sus vidas, para luchar desde los hospitales y ganar la batalla a la pandemia rabiosa del coronavirus.

Su misión está inmersa en la vocación irrenunciable, y aunque en muchos casos enfrentan la indiferencia o la falsedad de los gobiernos, al no proporcionales lasarmas fundamentales para combatir (mascarillas, cubre bocas, guantes, trajes protectores), están ahí, en la peligrosa línea de combate, con el escudo de sus conocimientos, de su inteligencia que les permite improvisar e inventarse con plásticos, aditamentos de resguardo contra la enfermedad, para cuidar sus vidas, la de sus pacientes, las de sus seres queridos.
Dije, conmovido el pasado lunes 6: ¿Quién, que tenga un doctor, una doctora, una enfermera en la familia, entre sus amigos, no reconoce estas angustias durante la dramática etapa crucial por la que atraviesa la humanidad?
¿Quién, no se indigna cuando se regatean los insumos para los salvadores de vidas, aduciendo argumentos fríos encaminados a proteger la economía del país, su no endeudamiento y el no haber actuado a tiempo, anteponiendo cuestiones político-ideológicas como barreras, cuando la vida de millones de seres humanos está en peligro?
Vivimos, al menos en México, una siniestra paradoja. Porque se pretende apuntalar la vida económica del país, con la muerte de ciento de miles de familias, que podría ser no solo por la pandemia, sino por desesperación, ante la carencia de trabajo, de actividades generadoras de satisfactores y alimentos para millones de personas.

Pero la estructura del gobierno de la República, arrasa parejo a través del SAT, obedeciendo a un revanchismo cruel, con los generadores de empleos por medio de sus empresas, sin distinguir a los micro, pequeños y medianos negocios, giros a los que sacrifica con el afán de cobrar venganza de los grandes consorcios, los monopolios, los núcleos ampliamente identificados de capitanes del dinero, quienes si merecen el calificativo de minoría rapaz.
En ese sentido, coincido ampliamente con el artículo escrito por mi amigo Alberto Vizcarra Ozuna, “¡No descuidemos a nuestros soldados de primera línea!”, que aquí reproduzco:
“No son pocas las porras, elogios, ponderaciones y oraciones que reciben desde la amplia plataforma de las redes sociales los médicos y enfermeras, quienes ya están atrincherados en la primera línea de batalla contra la pandemia del COVID 19 que empezará a mostrar su peor rostro en México en los próximos días y semanas.
“Al parecer el ánimo popular de reconocimiento a nuestros soldados de primera línea, no tiene el eco suficiente en las autoridades federales para que todos estos elogios se traduzcan en disposiciones presupuestales extraordinarias y suficientes que le permitan a médicos, enfermeras y personal de intendencia de los hospitales, contar con todos los instrumentos de protección a su propia salud a la hora del manejo directo e indirecto con los pacientes contagiados por el coronavirus.
“Es admisible que los daños estructurales sufridos por el sector salud durante las últimas tres décadas de políticas económicas neoliberales que desestimaron la importancia estratégica de esta área de la economía, no se puedan revertir en unos meses, pero lo que no es admisible -y menos en la circunstancia actual- es que se le escatime presupuesto a los equipos de protección que requiere el personal de los hospitales de todo el país.
“Quizá mi comentario tiene una carga sentimental, porque tengo familiares y amigos que se desempeñan como doctores en el sector salud. Lo que no tiene carga sentimental son los reportes que he recibido de ellos y de otros médicos sobre las marcadas carencias de equipo de protección que los hace vulnerables. Frente a la presente pandemia toda la dinámica hospitalaria tiene que ser reorientada para mantener a salvo a los que tienen la capacidad y la responsabilidad de salvar vidas.
“Resulta verdaderamente inaceptable que esto esté ocurriendo. Si no se dispone de presupuesto para proteger a los que tienen el entrenamiento de poner a salvo nuestras vidas y en un momento dado rescatarnos de las garras de la muerte, todo lo demás podría resultar demagogia e hipocresía.
“Soy un viejo militante en contra de las políticas derivadas del liberalismo económico y de su variante, el neoliberalismo. Por lo tanto siempre he reñido contra el dogma del equilibrio presupuestal y de la austeridad que obliga a sacrificar áreas estratégicas de nuestra economía.
“No me importa con que adjetivo se quiera justificar la austeridad para no dotar a los médicos del equipo necesario que su protección requiere en esta guerra que apenas estamos iniciando. Si esta política se mantiene, el único nombre que le encuentro es austeridad criminal.
“Si vas a continuar echándole porras a los doctores y no le vas a reclamar a las autoridades responsables la falta de equipo para su protección, es momento de que le des mayor utilidad a tú espíritu de animador”.
Hasta aquí el texto de Alberto.
Finalmente expongo, también, como algo preocupante, el hecho de que se ataque a enfermeras uniformadas que se desplazan por las calles, en transporte urbano o en sus vehículos, como si fueran culpables de lo que está sucediendo.
Es una estupidez tratar de encontrar culpables en quienes portan el color blanco, porque esos profesionales de la salud merecen siempre –ahora más que nunca-, respeto y admiración.
Le saludo, lector.





































