El presupuesto y la fragilidad de las alianzas

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La nueva mayoría legislativa de la coalición ‘Juntos haremos historia’ en Sonora nació muerta. 
El primer gran reto que enfrentaron fue el presupuesto 2019, que aprobaron unánimemente junto a sus colegas del resto de las bancadas. Los diputados de Morena no sólo estaban ‘muy verdes’ en aquel entonces, sino que venían de un fuerte conflicto interno generado principalmente por la euforia morenista de querer comerse solos el pastel de la administración del Congreso.
La memoriosa lectora, el rencoroso lector habrán de recordar que los aliados  PT y PES reclamaron para sí algunos cargos en la estructura administrativa del Congreso, lo mismo que priistas y panistas, algo que provocó hasta zafarranchos en la sede del poder legislativo, con guardias, policías y cerrajeros para cambiar chapas de oficinas.
A los diputados del PT y del PES les cayeron como anillo al dedo las intenciones de Morena para patearles el trasero en el reparto del pastel, porque ello les dio la coartada perfecta para reclamar y ejercer la autonomía de sus votos respecto a la bancada mayoritaria que, por cierto, siempre estuvo convencida de que esos aliados no se plegarían ciegamente a sus dictados, como así fue hasta el final de este capítulo de la historia. 
De esa fractura nunca pudieron superarse.
Para el presupuesto 2020 hubo un episodio muy raro. La bancada de Morena, en voz de su coordinadora Ernestina Castro fijó una postura de rechazo: “Los diputados de Morena hicimos nuestra tarea al desenmascarar un presupuesto improductivo y subestimado para ser reutilizado al margen del poder legislativo, sin compromiso contra la erradicación de la pobreza y el crecimiento estatal y negado al desarrollo de los municipios”, expuso en tribuna, con esas dificultades que aún presentan cuando se trata de leer los textos que les redactan sus asesores. La historia de esta legislatura está llena de anécdotas sobre las dificultades de esos diputados y diputadas, no para legislar, sino para leer tarjetas.
Aunque esa vez se posicionaron en contra, la bancada de Morena votó a favor, en lo general y en lo particular, del paquete fiscal. 
Algunos recuerdan aquel episodio y aluden a una confusión de los diputados morenistas que, todavía bisoños, no supieron ni lo que votaron. Otros dicen que todo se trató de un montaje para firmar con la izquierda una proclama de rechazo, y cobrar con la derecha un voto de aceptación. Eso dicen.
Para el tercer y último presupuesto que les tocaría aprobar, la bancada de Morena se atrincheró ahora sí, presionados por sus jefes políticos y emitieron un voto en contra, acuerpado en un discurso castigador sobre el que volveremos más adelante, porque en él fustigan a los diputados y diputadas de los partidos con los que ya tienen firmada su nueva coalición.
El punto es que la ruptura de 2018 ya nunca se pudo superar. 
Apenas el 21 de septiembre pasado, los diputados y diputadas de Morena, PES, PT y PVEM firmaron una ‘alianza legislativa’ que definieron como “una mesa de legisladores de la cuarta transformación en Sonora” en la que establecieron una agenda común.
Ayer las coincidencias se fueron al carajo.
Ayer la bancada de Morena se quedó sola. Desolada, sería el término más preciso. Sólo diez de sus diputados votaron en contra del presupuesto. Uno de ellos, Luis Armando Colosio votó a favor, y otro, Miguel Ángel Chaira no asistió a la sesión, justificando su ausencia, de acuerdo al acta respectiva.
Y la bancada de Morena es de doce legisladores, pero solo 10 se mantuvieron firmes en el rechazo a la propuesta presupuestal del Ejecutivo. Los otros 22, del PRI, PAN, PVEM, PES y MC les pasaron ligeramente por encima. 
22 votos son los que se requieren para alcanzar la mayoría calificada en un Congreso de 33 diputados y diputadas, y esos fueron los que se contaron a favor.
En este proceso nadie debe soslayar el trabajo que hicieron los secretarios de Hacienda y de Gobierno, Raúl Navarro y Miguel Ernesto Pompa, para construir la mayoría que necesitaban. Llevan tres de tres, hay que reconocerlo.
II
Y aquí es donde el tema presupuestal deriva en el de la política electoral.
La bancada de Morena reaccionó airada ante el resultado de la votación. En voz del ex panista Raúl Castelo (a) “El Pollo” se lanzó contra quienes aprobaron el presupuesto y les dijo que ese voto “superpone el interés del grupo en el gobierno al bienestar público de los sonorenses”.
“No queda lugar a dudas, que aprobar un presupuesto como este es atentatorio a los municipios y a los órganos autónomos, pero sobre todo, a los procesos de reactivación económica y el apoyo al sector salud, donde presupuesto recorta sensiblemente inversiones”, expresó el legislador.
De la flaqueza con que los diputados federales de Morena omitieron hacer un reclamo siquiera ligeramente parecido al de “El Pollo”, cuando aprobaron sin chistar una reducción de al menos 2 mil millones de pesos para Sonora mejor ni hablamos.
El partido Morena también reaccionó fuerte. No por parte de su dirigente estatal, Jacobo Mendoza, sino de su vocero Adolfo Salazar, quien emitió un posicionamiento en el que hace trizas al gobierno de Claudia Pavolvich, calificando su administración como “frívola e insensible, comprometida más con el gasto discrecional que con el desarrollo de la educación y la recuperación económica, sin un compromiso franco por invertir en la seguridad pública, mucho menos interesada en la austeridad gubernamental”.
Y concluye: “A pesar de la falta de sensibilidad que representa aprobar el presupuesto 2021 en los términos antes descritos, complace a los sonorense saber que éste será el último presupuesto de su tipo, ya que el próximo año llegará el gobierno de la cuarta transformación a Sonora, poniendo por enfrente el interés de la gente y sus más altas prioridades”.
El posicionamiento está, francamente, muy bien planteado, salvo por un pequeño detalle: esos insensibles que aprobaron un presupuesto contra el pueblo y a favor del grupo gobernante, son ni más ni menos los nuevos aliados de Morena para la elección 2021. Es la oferta que tienen.
Sí. 
Por ejemplo, todos los diputados del PT, PES y PANAL, sus aliados, votaron en sentido contrario al voto de la bancada de Morena. 
Vaya, la coordinadora de la campaña de Alfonso Durazo, el precandidato de Morena a la gubernatura, María Dolores del Río, diputada de Movimiento Ciudadano, votó a favor de la propuesta del gobierno del estado.
De los diputados del PANAL se entiende, porque al perder el registro como partido nacional, quedan en libertad de sumarse con quien mejor convenga en los estados, pero el acuerdo político entre Morena y el PANAL en Sonora, establece que la alianza rumbo al 2021 comienza a aplicar a partir de ese año, no desde ahora, que tienen compromisos con el gobierno del PRI. 
Igual pasa con el PVEM, cuyo único diputado, Luis Mario Rivera, priista de convicción pero arcoíris de vocación, está a punto de saltar en un triple salto mortal a las redes de Morena.
Del PES no hay mucho que agregar.
El punto es que Morena ha fustigado salvajemente a sus nuevos aliados y con ello, parecen estar construyendo su nueva coalición sobre bases más frágiles que aquella erigida sobre la coyuntura 2018. Ojo con eso.
En fin, la cosa se pone buena; lamentablemente hemos llegado a los días de paz y amor, a la celebración del nacimiento de Cristo y las de año nuevo, de manera que este humilde aplastador de teclas se retira temporalmente, no sin desearle a las navideñas lectoras, los ‘santacloses’ lectores, muy sinceramente que a pesar de todas las atipicidades, se la pasen lo más chingonamente posible.
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