De lo burlón a lo temerario, se atiza la hoguera del odio

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150 mil muertos después, el presidente dio positivo a la prueba de Covid19 y eso no es, no puede ser una buena noticia, pues Andrés Manuel López Obrador ya sufrió un infarto y padece hipertensión, una de las comorbilidades que vuelven más peligroso al virus.
Desde este humilde espacio hacemos votos porque los síntomas le sean leves y su recuperación rápida y satisfactoria, como seguramente ocurrirá pues tiene a su servicio todo el recurso humano, material y científico para que así sea. Un escenario diferente podría hacer entrar al país en una espiral de ingobernabilidad que nadie en su sano juicio desearía.
Sin embargo, habría que decir que el presidente ha ido más allá de la temeridad al retar a la enfermedad, al desobedecer los protocolos sanitarios básicos y apelar a estampitas religiosas, limpias, tréboles de cuatro hojas y billetes de dos dólares -en actos que sus seguidores le festejaron por todo lo alto-, en desplantes que la comunidad científica vio con azoro, pero en sus fieles reforzaron la certeza de su divinidad inmune.
Su fuerza es moral, no de contagio, afirmó su médico de cabecera, el mismísimo subsecretario de Salud, Hugo López Gatell que le recomendó el uso de cubrebocas como opcional. Le bastaría con guardar la sana distancia y evitar aglomeraciones, algo que por cierto tampoco obedeció.
A fuerza de ser sinceros, el presidente tardó mucho en contagiarse. Fue muy breve el tiempo en que suspendió totalmente sus viajes en aviones comerciales por todo el país, y tampoco canceló eventos públicos. Lo mismo presidía una entrega de obras o becas, que se bajaba de su Suburban para saludar de mano a la mamá de El Chapo Guzmán. 
Un día antes de anunciar su contagio, apareció en una mesa redonda acompañado a corta distancia de Marcelo Ebrard, Alfonso Romo y Lilia Rubio, su traductora (todos sin cubreboca) para publicitar una llamada con el presidente norteamericano Joe Biden. También se reunió con los diez empresarios más ricos de Nuevo León y difundió una foto con la precandidata de Morena a la gubernatura de Nuevo León, Clara Luz Flores. Estaban a corta distancia y sin cubrebocas. 
El presidente sacrificó su salud por andar en campaña electoral.
Su viaje de San Luis Potosí a Ciudad de México fue en avión comercial donde viajaban cientos de pasajeros, horas antes de revelar que dio positivo a Covid19.
Ignorar, o al menos minimizar la gravedad de la pandemia se le da bien al presidente desde aquellos días en que llamó a salir a la calle y abrazarse (“Yo les voy a decir cuándo se metan a sus casas”, dijo entonces). Si un día tuvo que ponerse el cubrebocas por primera vez, fue en julio del año pasado cuando tuvo que asistir a un encuentro con Donald Trump. Obligado.
Todo mundo recuerda también cómo el presidente se negaba a usar gel antibacterial al que accedían todos sus funcionarios al entrar a las mañaneras. Mañaneras donde se reportaron varios casos de Covid19 entre reporteros que las cubren. 
El mismísimo jefe de prensa, Jesús Ramírez Cuevas cercanísimo al presidente dio positivo el pasado 10 de enero, pero desde entonces a la fecha, el presidente no sólo no se aisló, sino que nunca canceló su agenda: tuvo giras por Guerrero, Michoacán y Colima, y las de Nuevo León y SLP antes citadas. Antes estuvo en Sonora, donde también habrá elecciones este año.
Tuvo contacto cercano con muchos de sus funcionarios, y se infiere, con su familia.
Es lamentable el presidencial contagio, pero parece ser uno de esos casos en que lo temerario raya en lo irresponsable.
Nada justifica, sin embargo, la marejada de comentarios y memes en malísimo plan, deseando la muerte del presidente. Nada, ni siquiera el argumento más socorrido de que él se lo buscó y que los malos deseos son las tempestades que cosecha quien se ha dedicado a sembrar vientos.
Sí, es cierto que en algún momento, el López Obrador opositor tuiteó, ante los rumores de que el presidente Peña Nieto estaba enfermo, que -aunque no lo creyera ni lo deseara- esa era una oportunidad para que presentara su renuncia por incapacidad.
Pero hasta Peña Nieto le devolvió ayer la cortesía deseándole pronta recuperación. 
Los que no lo hicieron fueron miles, quizá millones de usuarios de redes sociales que desplegaron una marejada de mala vibra manifestando su escepticismo sobre la enfermedad, considerándola una nueva cortina de humo o en el peor de los casos, deseándole lo peor. 
Se quejan de lo carroñero que pudo ser López Obrador con Peña Nieto, pero se igualan con él al repetir su discurso de odio. Así no se pinches puede.
Ojalá que el presidente salga pronto y bien de este lamentable trance, y que el mismo lo haga reconsiderar algunas actitudes que, sin duda, no abonan a la república amorosa que tanto gustaba de citar hasta antes de llegar a Palacio Nacional.
II
Y a propósito de contagios e irresponsabilidades, el pasado 6 de enero la alcaldesa de Bácum, Benita Aldama convocó y llevó a cabo una fiesta para los trabajadores de servicios públicos y policías. 
Al ágape acudió un centenar de invitados, muchos de los cuales lo hicieron sin cubrebocas y ya enfiestados, la sana distancia fue lo de menos.
Para el 23 de enero, ese pequeño municipio del sur del estado, al que cuando no le llueve le llovizna registró 44 casos de coronavirus. Ni en el pico de la primera ola de la pandemia se había tenido un registro así.
No se sabe con certeza cuántos de esos casos tuvieron origen en tan comentado bailongo, pero si ya saben cómo está la pandemia, resulta al menos irresponsable, por no decir que suicida, seguir llevando a cabo este tipo de eventos, sobre todo si sus organizadores son autoridades de gobierno.
III
El fin de semana que concluyó ayer, cerraron sus precampañas que no son precampañas los precandidatos que no son precandidatos y lo hicieron con mensajes que anticipan bien el tono en que se mantendrán durante la intercampaña, para cuando comiencen, el 5 de marzo, las campañas.
Parece trabalenguas pero no lo es. La intercampaña es ese lapso entre el momento en que terminan las precampañas y comienzan las campañas y durante el cual los precandidatos deben abstenerse de hacer llamados explícitos a favor o en contra de alguna candidatura; participar en spots y ‘mesas’ en las que esté más de un candidato.
Prácticamente es un lapso en el que deberán bajar su perfil y dedicarse de manera casi exclusiva a resolver los asuntos internos de sus partidos y coaliciones en el tema del resto de las candidaturas, lo que por cierto no es una tarea menor, considerando el salvajismo con que éstas se comienzan a disputar.
Alfonso Durazo cerró diciendo lo que sostiene desde el primer día: que su tarea será la de aterrizar los preceptos de la 4T en Sonora: acabar con la corrupción, gobernar con austeridad y terminar la hegemonía del grupo que durante 30 años se ha empoderado en el estado.
Ernesto Gándara parece haber encontrado el eje de su discurso en la exaltación del ser sonorense y el contraste con quienes no conocen Sonora, están desarraigados y visten el ropaje del academicismo para ocultar su desconocimiento de la realidad concreta en cada pueblo y región del estado.
Ricardo Bours por su parte, informó que esta semana tendrá resultados de los estudios que mandó hacer para medir su posicionamiento, pero se dijo optimista por los resultados de su precampaña.
Le pegó a la coalición Va por Sonora aduciendo que su objetivo es repartirse el estado en función de los intereses partidistas y no los de la gente, y de Alfonso Durazo dijo que ya adelantó lo que sería su gobierno, al hablar de combate a la corrupción y validar al mismo tiempo administraciones municipales corruptas y muy cuestionadas con las de Morena en Sonora.
Por esos carriles va a transitar el proceso electoral en el terreno discursivo a partir del 5 de marzo. 
Esperemos a ver cómo vienen las propuestas concretas de cada uno (y que no pueden hacer por impedimento legal hasta entonces).
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