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Alfonso Durazo Montaño, el hombre que encabeza todas las encuestas rumbo a la gubernatura de Sonora no le saca a ninguna pregunta. Tiene aplomo, un libreto muy bien estudiado y una facilidad para hacer fluir las palabras en cascada. Casi no toma respiro.

Más de una hora duró narrando su autobiografía, desde su infancia en Bavispe, arrojando piedras al río desde el corral de la casa de sus padres; trabajando la tierra y ordeñando las vacas, “nada que no hiciera cualquier otro en el pueblo”; su cruce de la frontera norte para trabajar en un Car Wash y un restaurante lavando platos, hasta sus avatares en el Distrito Federal, a donde se fue a estudiar ocho semestres de ingeniería y luego la carrera de derecho.

Con una beca de 250 pesos que puede no ser mucho, pero significa la diferencia entre comer y no comer. “No me voy a tirar al piso, pero sé lo que es tener hambre”, rememora.

Y la remembranza es larga. Siendo aún estudiante comenzó a trabajar en puestos modestos de la secretaría de Gobernación y en por lo menos otras diez dependencias del gobierno federal. No llegué a los altos cargos a la primera, fui escalando, ganándomelos en el trabajo, asegura.

Se dice orgulloso de haber militado en el PRI, partido al que renunció tras el asesinato de Luis Donaldo Colosio, de quien fue secretario particular.

“Cuando la sucesión presidencial se dirime a balazos, entendí que ya no tenía nada qué hacer allí y por eso renuncié”, cita.

Se acercó al PAN con Vicente Fox y también renunció cuando consideró que aquel gobierno por el que se promovió el voto útil y que marcó el inicio de la alternancia en México se alejó de lo que había ofrecido en campaña.

Para 2006 se sumó a la campaña de Andrés Manuel López Obrador en el PRD y desde entonces lo ha acompañado hasta su victoria en 2018 con Morena.

Lo suyo, dice, es la academia, porque está convencido de que la transformación del país va a surgir de las aulas.

Su discurso es fuerte, aunque está lleno de clichés y frases hechas. Su paso por la secretaría de Seguridad federal está en medio de la polémica y hay dos eventos que evidentemente le pesan demasiado, aunque tiene su propia versión de los mismos, en la que desde luego la responsabilidad es de otros. O por lo menos, compartida: el ‘culiacanazo’ y la masacre de Bavispe.

En éste último, sostiene que cuando se registra un homicidio, la ley es clara al establecer que la primera autoridad responsable es la estatal y eso no ocurrió, pues al lugar de los hechos acudieron primero los elementos de la Guardia Nacional y luego la policía de Chihuahua. La de Sonora, asegura, llegó después, porque no tenían dinero para cargar gasolina.

Fuertes declaraciones que seguramente merecerán una respuesta de los señalados.

Insiste en que en materia de seguridad, el gobierno del estado no ha correspondido al “extraordinario esfuerzo” del gobierno federal y por ello no se han reducido los indicadores en ese rubro, como sí ha ocurrido en la región de la Laguna o en Tamaulipas, por ejemplo.

Cita, para documentar su dicho, que la policía estatal tiene mil elementos cuando se requieren 3 mil 800 y no se cuenta con la infraestructura ni los recursos para alcanzar ese estándar. Dice que esos recursos van a salir de lo que se ahorre en un plan de austeridad enérgico.

En esa misma tónica le da un repasón al Congreso del Estado. Dice que el Poder Legislativo le cuesta al gobierno estatal mil millones de pesos al año, casi lo mismo que le cuesta la Universidad de Sonora. La diferencia es que en el Congreso hay 33 diputados y en la Uni 40 mil estudiantes.

Y vuelve sobre lo que parece ser su tesis principal: la decadencia de Sonora se debe a que desde hace 30 años el estado se encuentra en manos de un grupo que primero se hizo políticamente hegemónico y luego hegemónico en lo económico. Es el gobierno de un solo hombre, asegura y, aunque no lo menciona por su nombre, todos asumen que se trata de Manlio Fabio Beltrones.

El formato del encuentro no permitió la réplica ni el debate, porque de hecho no estuvo diseñado para que así fuera, de manera que aquí les plasmamos lo que consideramos la parte central de su discurso, que tiene muchos puntos discutibles.

(De hecho, este modesto tundeteclas ni siquiera alcanzó turno para preguntar, y si tenía algunas dudas sobre los gobiernos de Morena que antes de serlo tenían todas las soluciones y ya en el ejercicio, todos los pretextos. Sobre la carga que se ha echado a sus espaldas apoyando a gobiernos municipales desastrosos, entre otras cosas. Quizás haya otro momento para preguntarle).

Particularmente tengo dudas en lo que concierne a seguridad pública, las fanfarrias sobre el ‘esfuerzo extraordinario’ del gobierno federal al incrementar el estado de fuerza de la Guardia Nacional, pues a pesar de que ya cuenta con dos mil elementos en Sonora, eso no se ha traducido absolutamente en nada. Peor aún, diríase que tal presencia de fuerza no ha servido para nada en materia de contención del crimen organizado.

Pero bueno, mañana volveremos con algunos apuntes sobre lo expresado por Alfonso Durazo.

Vale apuntar, eso sí, que el precandidato al parecer ya está recibiendo alguna asesoría para mitigar su imagen tosca y huraña, su desarraigo, para ‘humanizar’ su figura.

No es fácil, porque su personalidad no es así. Eleva la voz hasta casi gritar, golpea la mesa con los dedos apiñados, reta con la mirada, insiste mucho en que lo que dice no le gustará a muchos, sin saber si quizás a algunos sí les guste.

Por eso el cambio fue notable, aunque a veces mal logrado. Ya apareció en Twitter presentando a su nietecito y ayer dedicó una buena parte de su autobiografía a romantizar su cuna humilde (casi casi como Popeye, que nació en Torreón, debajo de un camión, arreando las vacas, comiendo espinacas, por eso salió campeón). Ayer también citó pasajes trágicos de la reciente pérdida de sus padres por Covid19, que fueron realmente conmovedores.

Pero las referencias del precandidato a su familia eran hasta hace poco prácticamente inexistentes, o al menos no tan detalladas como para mostrar esa parte humana que el más novel estratega de campaña entiende como básicos.

Mañana volveremos sobre algunos puntos que por motivos de espacio y para que la somnolienta lectora, el bostezante lector no se duerman, dejamos pendientes.

II

No por previsibles dejan de ser importantes una par de noticias difundidas ayer: una, la extradición del empresario Alonso Ancira, aún presidente del Consejo de Administración de Altos Hornos de México que extraditado de España ya se encuentra en el reclusorio Norte.

Ancira está acusado de operaciones con recursos de procedencia ilícita (lavado de dinero) en el caso de la venta que hizo de la empresa Agro Nitrogenados, filial de la acerera más grande del país, una de las muchas empresas estatales privatizadas por Carlos Salinas de Gortari.

En el sexenio de Enrique Peña Nieto el gobierno recompró esa empresa, ya convertida en planta chatarra con un sobreprecio (475 millones de dólares), cuando Emilio Lozoya era director de PEMEX. Lozoya también fue detenido pero negoció su libertad a cambio de colaborar con las investigaciones que a la postre derivaron en la detención de Ancira.

Los últimos reportes indican que el empresario pagó una fianza de 50 mil pesos impuesta por un juez, después de que sus abogados obtuvieron un amparo argumentando que padece comorbilidades que lo hacen susceptible de contraer coronavirus.

La otra: la captura del ex gobernador de Puebla, Mario Marín, mejor conocido en el mundo del hampa como “El Gober Precioso”, acusado de delitos de tortura contra la periodista Lydia Cacho, después de que ésta lo denunciara como parte de una red de pornografía infantil en la que también formaba parte el empresario Kamel Nacif “El rey de la mezclilla”, aún prófugo.

Estas detenciones, independientemente del destino de las mismas, constituyen un acto de justicia contra personajes que encarnan, para citar a un clásico, la descomposición del viejo régimen.

Previsibles, también, porque al acercarse la jornada electoral de julio, el gobierno federal tiene un catálogo bastante nutrido de personajes del pasado involucrados en presuntos y diversos delitos. La vieja receta no falla: el garrote de la justicia utilizado con el ‘timing’ preciso para convertirlos en materia de propaganda electoral.

Aun así, son plausibles porque esos tipos deben muchas.

III

No se despeguen de sus asientos, porque en el transcurso de este día habrá una noticia para la desesperada lectora, el ansioso lector que nos hacen el honor de leer estas líneas cotidianamente, y que tiene que ver con la eventual orientación de sus votos si es que viven en Hermosillo.

No sé exactamente de qué se trata, pero me dicen que va a causar revuelo. Estaremos pendientes.

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