Un trasplante de órgano podría cambiar tu personalidad

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El cerebro no es el único órgano con neuronas: el corazón tiene más de 40.000

En la película asiática The Eye, una joven que padece ceguera recibe un trasplante de córnea y, desgraciadamente para ella, comienza no solo a ver la realidad que le rodea, sino también otras circunstancias fantasmales relacionadas con lo que veía el donante en vida. Es una fantasía. Una premisa tonta alrededor de la cual articular una más que aceptable cinta de terror. Ahora bien: ¿tiene esta premisa al menos un gramo de evidencia científica que la respalde? ¿Puede un trasplante de órgano alterar la percepción del mundo de quien lo recibe? ¿Su personalidad y todo lo que ello implica? Según cuenta el doctor Mitchel B. Liester, continúa siendo un misterio, pero algunas pruebas apuntan a que sí.

Para empezar están las evidencias anecdóticas. Liester expone el caso de varias personas que tras haber sobrevivido gracias al trasplante de un órgano ajeno comenzaron a presentar apetencias que nunca tuvieron y que curiosamente coinciden con las apetencias de sus donantes. Y sin haber conocido absolutamente nada de ellos. Pero no solo eso. “Claire también notó otros cambios en su personalidad: ya no se sentía sola y se sentía más independiente, segura, asertiva e incluso agresiva”. Obviamente, esto último no tiene por qué derivar de ningún trasvase de la personalidad. Al fin y al cabo, se trata de personas que han experimentado momentos cercanos a la muerte. Y eso te cambia bastante.

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Pero algunas de estas historias fueron documentadas científicamente. En concreto, el neuropsicólogo Paul Pearsall publicó ya en el año 2000 un artículo en el que describía cómo 10 receptores de trasplantes de corazón vivieron no solo cambios de personalidad, algo muy subjetivo, sino también recordatorios muy aleatorios: “algunos destinatarios identificaron los nombres de sus donantes y recordaron eventos concretos de sus vidas”. Quizás sea cierto. O quizás todo esto no sea más que la consecuencia de una serie de sesgos cognitivos y efectos foren. Sea como sea, la realidad es que la ciencia aún no conoce con absoluta seguridad si los recuerdos se almacenan exclusivamente en el cerebro.

Porque los órganos también tienen neuronas. Como explica la investigadora Annie Marquier, “se ha descubierto que el corazón contiene un sistema nervioso independiente y bien desarrollado con más de 40.000 neuronas y una compleja red de neurotransmisores, proteínas y células de apoyo”. Y no solo eso. Según Liester, “una revisión anterior encontró que los recuerdos pueden almacenarse en el ADN, el ARN, las proteínas y los cambios epigenéticos en las células fuera del cerebro”. Por supuesto, queda muchísimo por investigar, puesto que tu cuerpo es extremadamente sofisticado como para entenderlo tan fácilmente, pero quizás, solo quizás, un trasplante pudiese cambiar tu personalidad.

Fuente: codigonuevo.com

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