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Se publicó el decreto mediante el cual se reforman las fracciones IV y XI del Apartado A del Artículo 123 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, estableciendo uno de los cambios laborales más relevantes de las últimas décadas: la reducción gradual de la jornada laboral hasta llegar a las 40 horas semanales.

Este cambio no es menor. El Artículo 123 ha sido históricamente el pilar del derecho laboral en México desde la Constitución de 1917, y cualquier modificación en su contenido tiene efectos profundos tanto en la vida de las personas trabajadoras como en la operación de las empresas.

Una reducción gradual

Uno de los aspectos más importantes de la reforma es que no se implementará de manera inmediata, sino mediante un esquema progresivo que permitirá al mercado laboral adaptarse.

El propio decreto establece el siguiente calendario:

2026: jornada máxima de 48 horas semanales

2027: 46 horas semanales

2028: 44 horas semanales

2029: 42 horas semanales

2030: 40 horas semanales

En otras palabras, México transitará en un periodo de cinco años hacia una jornada laboral de 40 horas, alineándose con estándares que ya existen en diversos países.

Este modelo gradual tiene un propósito claro: evitar impactos abruptos en la economía, en la productividad de las empresas y en el mercado laboral.

El descanso semanal se mantiene

La reforma también reafirma un principio que ya existía en la legislación laboral: por cada seis días de trabajo, las personas trabajadoras deberán disfrutar al menos de un día de descanso con goce íntegro de salario.

Este punto cobra especial relevancia porque, conforme avance la reducción de la jornada semanal, las empresas deberán reorganizar turnos, horarios y esquemas operativos para cumplir con la nueva disposición constitucional.

Nuevas reglas para el trabajo extraordinario

Otro punto importante de la reforma se refiere al trabajo extraordinario.

El nuevo texto constitucional establece que:

Las horas extras deberán pagarse con un 100% adicional sobre el salario ordinario. El trabajo extraordinario no podrá exceder de 12 horas semanales. Estas horas podrán distribuirse hasta en cuatro horas diarias, en un máximo de cuatro días a la semana. Si se excede ese límite, el pago deberá ser del 200% adicional al salario correspondiente.

Además, se reafirma una protección importante: las personas menores de 18 años no podrán laborar tiempo extraordinario.

No podrá haber reducción de salarios

Uno de los temores que surgieron durante el debate público fue la posibilidad de que la reducción de horas implicara una disminución en los ingresos de las personas trabajadoras.

El decreto es claro al respecto: la reducción de la jornada laboral no podrá implicar disminución de sueldos, salarios ni prestaciones.

Esto significa que, en términos prácticos, los trabajadores recibirán el mismo salario por menos horas de trabajo, lo que obliga a las empresas a mejorar procesos, productividad y organización laboral.

El papel de la legislación secundaria

Aunque la reforma ya es constitucional, aún falta un paso fundamental: la adecuación de la legislación secundaria.

El Congreso de la Unión tiene 90 días para reformar la Ley Federal del Trabajo y demás disposiciones relacionadas, con el fin de establecer los mecanismos específicos para su aplicación.

En estas reformas se definirán aspectos clave como:

La forma en que se reorganizarán los turnos. Las reglas aplicables para distintos sectores productivos. Los esquemas para industrias que operan 24/7. Las obligaciones administrativas y de control de jornada.

Lo que deben empezar a hacer las empresas

Aunque la reducción plena llegará hasta el año 2030, las empresas que comiencen a prepararse desde ahora tendrán una ventaja significativa.

Será indispensable revisar: esquemas de turnos, cargas de trabajo, productividad por hora, automatización de procesos, y modelos de contratación.

La tendencia internacional demuestra que menos horas de trabajo no necesariamente significan menor productividad, siempre que exista una adecuada organización laboral.

Un cambio estructural en el mercado laboral

México se suma así a una tendencia global que busca equilibrar la vida laboral con la vida personal, reducir el agotamiento laboral y mejorar las condiciones de trabajo.

Sin embargo, el verdadero reto estará en la correcta implementación.

Si se ejecuta con inteligencia legislativa y responsabilidad empresarial, esta reforma puede representar una oportunidad histórica para modernizar el mercado laboral mexicano.

De lo contrario, podría generar tensiones en sectores productivos que operan con márgenes reducidos.

El debate apenas comienza. Pero algo es claro: el mundo del trabajo en México está entrando en una nueva etapa.