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Curar a México, requiere voluntad, vocación y solvencia moral.- ¿Por qué no crear un gran fondo con los bienes sustraídos por funcionarios corruptos para enfrentar las necesidades de salud?.- ¿Se atrevería la diputada del PAN a una propuesta de esa categoría?

Bernardo Elenes Habas

“Curar a México”, es la iniciativa que promueve desde la Cámara de Diputados la legisladora sonorense, Teresa Lizárraga Figueroa, secretaria de la Comisión de Salud en el parlamento federal.

La ex directora del Isssteson, durante la administración panista del “Nuevo Sonora”, comandado por Guillermo Padrés Elías, argumenta, justificadamente, que los recursos destinados a salud son prioritarios y de profundo interés público, razones incuestionables por lo que deben blindarse.

Ella visitó Cajeme la semana anterior, manifestando que su iniciativa de ley con proyecto de Decreto, se encamina a lograr reformas al artículo 58 de la Ley General de Presupuesto y Responsabilidad Hacendaria, adicionando el 19 BIS, en una acción encaminada a blindar el presupuesto en Salud contra los inminentes recortes, bajo el lema de “Curar a México”.

El sustento de la iniciativa de la sonorense se establece en dos ejes: Que el presupuesto para Salud que se apruebe en la Cámara Baja, no pueda ser menor en términos reales al año fiscal anterior, y que se incremente, al menos, en la misma proporción del PIB. Asimismo, que se prohíban reducciones discrecionales por parte del Ejecutivo, una vez aprobado.

No obstante la buena intención de “Curar a México”, se antoja una propuesta lenta y burocrática, la que debe enfrentar la maraña de intereses y egoísmos políticos y humanos que se viven en la Cámara y en el sistema político en general; cuando en realidad, el país, la gente, requiere de acciones sin demora, sobre todo en servicios donde está la salud y la vida misma de por medio, porque “curar” significa atender en forma rápida, consistente, responsable, con visión humanista y solidaria, siempre por encima de los fríos y perversos intereses políticos de grupos y partidos.

Por ello la diputada panista, si realmente está interesada en curar a México, y no pretendiendo utilizar ese proyecto como bandera en su promoción futurista, debería armar una revolución en el parlamento, proponiendo la creación de un gran fondo económico encaminado a atender las necesidades de salud de los mexicanos, para que no sufran por falta de atención profesional, por carencia de medicamentos, de equipos especializados, de hospitales dignos.

Y ese gran fondo podría salir de la recuperación de los bienes que pertenecen a la sociedad civil y que los malos gobernantes, los pésimos funcionarios públicos, los aviesos representantes populares han sustraído y sustraen de las arcas públicas para enriquecerse cínicamente junto con sus familias, a costas del dolor y del sufrimiento de los más desprotegidos, los más vulnerables, los que luchan y trabajan no para lograr una vida digna, sino para sobrevivir al día siguiente…

Esa acción alta y valiente, sí sería una iniciativa llena de justicia social y humana, capaz de restañar heridas, como las dejadas por gobernantes como Guillermo Padrés, Javier Duarte, César Duarte, Tomás Yarrington, Fausto Vallejo, Andrés Granier, Roberto Borge, Rodrigo Medina, Ángel Aguirre, Juan Sabines, Roberto Sandoval, Humberto Moreira, entre otros personajes que hoy por hoy, conforman el horizonte nefasto de la corrupción en el país.

¿Se atrevería Teresa Lizárraga a lanzar una propuesta de esa categoría, y la apoyarían los legisladores de su partido, como Javier Neblina y Agustín Domínguez, y por supuesto los integrantes de otras preclaras bancadas que se autodenominan defensores de los intereses del pueblo?

Creo que no. Porque cada quien, de acuerdo a los tiempos y circunstancias, cuida sus intereses y los de sus grupos, sin importar que en los raros y llenos de conveniencia giros que da la política, vislumbren, algunos, que los espera la cárcel…

Le saludo, lector.

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