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Entramos de lleno a este mes de diciembre, esplendoroso tiempo pleno de agradables actividades religiosas, familiares y sociales, como también en lo climático  que nos permitirá olvidarnos de nuestro fatigoso verano. 

Sirva este suave preámbulo para referirme específicamente a la celebración de nuestra Santísima  Madre de Guadalupe, este próximo día 12, fecha en que todos los mexicanos lo hacemos con gran devoción por lo que representa este histórico acontecimiento. Confesando este sencillo ocurrente que para mí esta festividad no pasaba más allá de la normalidad de venerarla  como la santa Madre de Jesús, pero no por lo que realmente significa para todos los mexicanos en esta advocación  Guadalupana

Felizmente mi gran devoción a nuestra querida Madre Guadalupana surgió, verdaderamente,  cuando conocí  cabalmente la historia de su admirable aparición en el cerrito del Tepeyac. Y sucedió cuando un gran y querido amigo, muy devoto a la Guadalupana, me regaló un librito, insignificante en su tamaño, pero grandioso en todo su contenido, denominado NICAN MOPOHUA, narrando todo el relato de su aparición, obra escrita originalmente en náhuatl por Antonio Valeriano, desde tiempos muy  remotos, ya traducido en español. el que leí con gran interés y detenimiento, conociendo así esa gran y verdadera historia del su milagrosa aparición.

Conocido ampliamente ese gran  suceso, inflamado y subyugado mi corazón, nació mi inmenso amor hacia Ella en esa advocación como  nuestra Santísima Madre de Guadalupe, considerándola  ahora muy cercana  a nosotros los mexicanos, un gran privilegio surgido para nuestra nación y una bondad más de Dios  sumada a todos esas notables y ya  conocidas apariciones denominadas con el nombre de los distintos lugares, donde El Señor quiso  revelarse a través de su Poderosa Mensajera, por sus  divinas razones, que  lo ha  movido para manifestar su Gloria y su Amor hacia  la humanidad, como lo fue en este caso donde el pueblo mexicano fue favorecido,  cuando hombres y mujeres indígenas, por allá en el año 1531, sufrían maltratos por el dominio de los conquistadores españoles, que la misma historia nos relata ampliamente sobre esos crueles  padecimientos.   

Lo notable, grandioso y  admirable  de esa aparición fue el haber escogido a Juan Diego, al más pequeño y  más pobre de sus hijos en cuanto a su origen como indio, un humilde e insignificante hombre, que hoy, por la grandeza de haber sido escogido por la Providencia Divina, está santificado por nuestra Iglesia. Con la encomienda de nuestra Madre en su primera de su cuatro apariciones, de entrevistarse nada menos  con ese gran y distinguido personaje que significaba entonces, elObispo de nombre Fray Juan de Zumárraga, ordenándole a Juan Diego, como nos lo  dice el NICÁN MOPOHUA: “Le dirás como yo te envío a manifestarle lo que mucho yo deseo que aquí en el llano me edifique un templo “,  cuyo texto completo pueden leerlo con todas las facilidades que nos ofrece GOOGLE, solo con buscarlo bajo ese título del maravilloso librito 

Concluyo observando ahí el prodigio y la maravilla que significa conocer ampliamente todo ese grandioso relato de su aparición. Sobre todo en estos días anteriores al 12 de diciembre, a manera de conocer más esta gran historia, lo que seguramente les admirará su poderosa  intercesión que  llegará siempre al corazón de JESUS SU HIJO AMADO. 

Al menos mis dos o tres lectores seguramente harán eco de mi sugerencia de leer el NICÁN MOPOHUA, deseándoles a todos aprovechemos y disfrutemos  los grandes y notables festejos que nos ofrece este mes de diciembre, con la mayor alegría y  más grande sentido espiritual que nuestra Fe cristiana nos invita.

RENE GIL GUTIERREZ                                      DICIEMBRE DEL 2019

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