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Lucid ha irrumpido con fuerza con la presentación del Lucid Air, un coche que, sobre el papel, puede ser el gran rival de Tesla de forma inmediata. Tras esta compañía hay una historia de idas y venidas que no explotó hasta recibir dinero de Arabia Saudita

Lucid Motors ha sido la última nueva firma de coches eléctricos en ser calificada como el ‘Tesla killer’ definitivo. Eso sí, a diferencia de otras compañías que han recibido este apelativo, Lucid parece sobre el papel que sí que tiene un desarrollo tecnológico, unas bases y un plan establecido para de verdad competir con Tesla, aunque al menos sea por la gama más alta.

Esta semana la firma presentó tras un largo desarrollo de más de un lustro el que será su primer modelo comercial, el Lucid Air. Un sedán eléctrico que comenzará a entrar en el mercado desde la primavera de 2021, primero con su modelo de mayor lujo, que partirá de 169.000 dólares, y así progresivamente con otras tres versiones más económicas hasta alcanzar la más ‘asequible’ (80.000 dólares), en 2022.

Su método, aunque más ajustado en el tiempo, se corresponde de forma clara con la política de lanzamientos que ha tenido Tesla desde su surgimiento. El llamado -por él mismo- ‘Plan maestro’ de Elon Musk partía de coches ultradeportivos y solo aptos para los bolsillos más holgados hasta ir consiguiendo poco a poco escalar y fabricar otros más económicos, cuyo último eslabón, por ahora, ha sido el Model 3.

¿Pero qué hace del Lucir Air merecedor de ser hasta ahora el futuro rival de Tesla más creíble? Pues sin lugar a dudas, su desarrollo tecnológico, que redunda en unas características de autonomía y conducción que -al menos sobre el papel- llegan a superar incluso a las de Tesla.

En concreto, según auditó Lucid de forma externa con la organización FEV North America, la versión del Air Gran Touring, la segunda más cara por 139.000 dólares, logró una autonomía bajo la metodología EPA de hasta 830 kilómetros, más que cualquier eléctrico hasta la fecha.

Tras ello hay un desarrollo de ingeniería del que ha estado al frente Peter Rawlinson, actual CEO de Lucid y líder del desarrollo del Tesla Model S cuando trabajaba para Musk.

De ahí se explican las muchas similitudes que se pueden encontrar entre ambas empresas, pero también, que Rawlinson haya ido un paso más allá con algunas características interesantes, como un sistema de carga bidireccional (es decir, que con la energía de las baterías del coche puedes dar energía a otro auto, o a un hogar, como si fuera un generador), unas baterías más densas diseñadas en alianza con LG Chem o elementos de conducción autónoma de vanguardia. Aquí ahondamos más en sus propuestas tecnológicas.

Como vemos, una apuesta directa de inicio por el lujo y la excelencia que no obstante está pendiente de cualquier prueba real en la carretera. Eso sí, hasta llegar a este nivel de expectación, Lucid ha pasado por una trayectoria llena de picos de sierra. Retrasos, cambios de modelo, de dueños, hasta que una financiación importantísima procedente del Gobierno de Arabia Saudí la hizo despegar por completo.

Esta es la historia, algo rocambolesca, de Lucid Motors.

Atieva, el origen de Lucid

Lo que hoy es Lucid Motors nació bajo el nombre de Atieva en 2007 en Newark, California, de la mano de Bernard Tse y Sam Weng, sus fundadores.

En sus inicios Atieva era una empresa centrada en la construcción de baterías y la distribución como proveedores a otras empresas, un modelo que cambió en 2016 cuando cambió su nombre a Lucid e hizo pública su idea de construir por su cuenta un coche autónomo.

En este cambio tuvo mucho que ver el fichaje de dos nombres claves hoy en la compañía. El primero, el ya citado Rawlinson, quien entró en 2013 como máximo responsable de desarrollo tecnológico y ha ido escalando hasta su actual posición de CEO. El segundo, Derek Jenkins, antiguo director de diseño de Mazda Norteamérica. En otras palabras, los máximos responsables de lo que ha sido su ingeniería interior y su aspecto exterior.

Aquellos años sin embargo fueron complicados para Lucid. Desde su cambio de nombre en 2016 se comenzó a hablar del Lucid Air, que en ese momento se prometía que sería lanzado en 2018. Los plazos, sabemos ahora de sobra, no se cumplieron.

En aquel momento el capital de Lucid procedía de varios fondos de inversión. Rawlinson lo contaba así hace cuatro años en una entrevista con The Verge. “Me uní a la empresa para asegurar la financiación con la claridad de visión de hacer algo con los coches eléctricos que no se había hecho antes”, dijo Rawlinson, que nombró cuatro inversores que incluían Venture Rockefeller , la empresa japonesa Mitsui & Co, Beijing Auto de propiedad china y la empresa también china LeEco (también el principal patrocinador de Faraday Future).

En ese momento el actual CEO presumía de que eran “sobre todo una marca de California”, algo que ahora no puede decir.

Y llegó Arabia Saudí

Pero los planes no se cumplían. Lucid quería construir una planta de producción propia en Arizona, que no se ha empezado a hacer realidad hasta ahora, como la puesta en marcha del resto de procesos, hasta que llegó una inversión de 1.300 millones de dólares procedente del Gobierno de Arabia Saudí.

Hoy el Fondo de Inversión Pública (PIF) de Arabia Saudita posee el 67% del accionariado de Lucid tras esa inyección de capital. Para entender esta inversión de petrodólares hay que entender en qué consiste el mismo fondo.

Creado en los 90, pero sin apenas actividad relevante hasta 2015, el PIF Saudí es un fondo que la Monarquía del país árabe ha puesto en marcha con el objetivo de dinamizar la economía del país y empezar a invertir en empresas disruptoras que vayan abriendo brecha en la inmensa dependencia de este estado del petróleo. Y, de paso, crear sinergias en estas empresas que puedan hacer que en un momento dado vinculen sus producciones y desarrollos tecnológicos en el país.

El PIF por ejemplo ha inyectado 3.500 millones de dólares en Uber. Si bien la empresa de transporte privado se ha enfrentado a dificultades regulatorias en algunos mercados del Golfo, su ascenso en Arabia Saudita, donde ha contratado a más de 150.000 conductores, no se ha visto obstaculizado.

Incluso Elon Musk y Tesla, cuando en 2018 anunció su polémico tuit sobre sacar a Tesla de bolsa gracias a una “financiación garantizada”, han estado en el radar de este fondo, que no obstante nunca llegó a cuajar para cerrar cualquier inversión.

El banquero Yasir Al-Rumayyan es desde 2015 el Presidente de este fondo de inversión y quien ha liderado su transformación hacia mercados tecnológicos. En una entrevista con Wired, comentaba algunos de los puntos clave de esta política estatal, donde revela que uno de los objetivos es que, a futuro, Lucid pueda instalar una de sus plantas de producción en Arabia Saudí. “Estamos esperando ver si el modelo de negocio de Lucid puede funcionar en Arabia Saudita. Y creo que va a funcionar aún mejor, y eso es parte de nuestra inversión”, dice Al-Rumayyan.

Al-Rumayyan llegaba a comentar en esa entrevista que las inversiones del PIF tienen como fondo la lucha contra el Cambio Climático, con todas las comillas que se pueden poner a una declaración así procedente de una de las economías más fósiles del mundo. Él cree que las inversiones de PIF tienen beneficios en el resto del mundo, aunque reconoce que el fondo enfrenta una batalla de relaciones públicas en algunos frentes. “Estamos haciendo esto por todo el planeta”, dice. “Si tienes la mejor casa del vecindario y el vecindario no es bueno, no tendrá ningún valor. Necesitamos arreglar el vecindario también, y necesitamos arreglar el pueblo, la ciudad y el campo, y todo el mundo en el que estamos”, aseguraba.

En relación con estas palabras, surge la paradoja que supone Lucid: una empresa de coches eléctricos financiada con fondos procedentes del petróleo. Pero no solo eso.

Arabia Saudí, con su monarquía autoritaria, ha generado escándalos mayúsculos como el asesinato del periodista Jamal Khashoggi, contrario al régimen, en 2018, y que apuntó a ser una orden directa del príncipe saudí Mohammad bin Salman.

El asesinato de Khashoggi se dio solo unas semanas después de que Lucid hubiera recibido la inversión saudí, y a pesar de que otras empresas como el grupo Virgin renunciarán a sus fondos tras el escándalo, Lucid no ha visto incompatibilidad alguna.

De hecho, Rawlinson contaba de nuevo a The Verge de forma más o menos creíble que Lucid podría ser la solución. “Creo que podemos ser parte de un movimiento que podría catalizar un cambio para siempre. Tenemos una asociación, que está muy alineada, una asociación con el PIF Saudí. Es una asociación estratégica. Están comprometidos a ayudarnos a realizar este cambio en beneficio de toda la humanidad. Y beneficiará a la sociedad saudí”, decía.

“Lucid es parte de la solución, no el problema”, agregó.

Fuente: hipertextual.com

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