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Desde la dirigencia del Sindicato Único de Trabajadores del Colegio de Bachilleres (Sutcobs) se está desarrollando una estrategia de operación electoral hacia sus alrededor de 20 mil trabajadores, para acarrearle votos al candidato de Morena, Alfonso Durazo Montaño.

La estrategia es muy simple y durante muchos años -décadas- los priistas la utilizaron como parte del engranaje corporativo que les permitió conservarse en el poder por la vía de la coacción -descubierta o sutil-, del voto de burócratas, maestros, obreros, campesinos a través de sindicatos y organizaciones afines.

En aquellos años, cuando la izquierda se partía el lomo en el boteo y volanteo; la marcha, el mitin y el plantón, condenaban flamígeramente esas prácticas y las consideraban parte de la operación fraudulenta de las elecciones.

Hoy, una vez en el poder, han descubierto que no eran tan malas.

El proyecto Suma 20 consiste básicamente en enviar un formato a todos los agremiados, en este caso del Sutcobs en el que con carácter de obligatorio se les solicita convertirse en promotores de la candidatura de Durazo, consiguiendo las firmas de 20 conocidos, amigos o familiares, con su nombre, clave seccional y ciudad en la que viven.

Todavía hasta principios de la década de los 80, a los priistas esta estrategia les funcionó bien. Muchos lo asumían como la normalidad de aquellos años y, de alguna manera correspondían suponiendo que de no hacerlo, estaban en riesgo su permanencia en el trabajo, sus posibilidades de ascenso o su estabilidad laboral.

Hasta que la gente se cansó y en 1988 el voto corporativo se fue al carajo. El voto masivo por Cuauhtémoc Cárdenas probó que esas estrategias dejaron de ser funcionales, que los trabajadores y empleados tomaron conciencia de su libertad para votar y el resultado se reflejó en las urnas.

El régimen priista crujió de fea manera y tuvo que usar su última carta para legalizar -que no legitimar- el triunfo de Carlos Salinas de Gortari, mediante el extremo recurso del chapucero que pierde el juego y de un manotazo tira todas las fichas de la mesa, para acomodarlas de nuevo a su conveniencia.

Así se cayó el sistema en el 88 y todo mundo sabe quién fue el artífice de esa caída: Manuel Bartlett Díaz. Pero también se cayeron muchas otras cosas, entre ellas el mito del voto corporativo, lo que a la postre derivó en la primera alternancia presidencial en el año 2000.

Hoy, los operadores de Morena (los machuchones, los que vienen del PRI y el PAN, no tanto los activistas de tracción en el campo y las ciudades, aunque muchos ya convalidan y son protagonistas de aquellas odiadas prácticas) han decidido reeditar también esa parte del pasado y aquí están, coaccionando el voto.

El dirigente del Sutcobs es Afredo Lugo Gámez, un político versátil que lo mismo apoyó candidaturas del PRI que del PAN y ahora de Morena.

Como antaño, también sucede que no todos los agremiados a su sindicato están de acuerdo con esa candidatura, por lo que ni tardos ni perezosos filtraron el documento que les están haciendo llegar, denunciando la coacción y explicando cómo se les han girado esas instrucciones.

II

No bien se acomodaba en su oficina de la Ciudad de México el director del IMSS, Zoé Robledo después de su periplo por Sonora, cuando el dirigente estatal de la CTM, Javier Villarreal mandó un severo desmentido a las cifras alegres que suele manejar el instituto acerca de los servicios que presta.

En un desplegado firmado al alimón con la secretaria de Bienestar Social Salud de esa central obrera, Isabel Velázquez Rendón y a nombre de sus representados, puntualizan que en el IMSS Sonora faltan clínicas, hospitales, camas, médicos y medicamentos.

De los 600 médicos especialistas que se requieren, el IMSS sólo contrató 222; muchos no quieren trabajar allí porque el régimen de pensiones y jubilaciones no les garantiza un retiro digno, pues ahora con las Afores sólo recibirían el 30% de su salario, y no el 100% más los aumentos salariales anuales como sucedía antes de 2008.

Escasean los tratamientos para cáncer, diabetes, padecimientos cardiacos, medicamentos controlados, vacunas, entre otros; las citas para RX y laboratorios siguen tardando meses y urgen bancos de sangre en Guaymas, Navojoa y Magdalena.

En el desplegado se hace un reconocimiento al personar hospitalario por la forma en que se han entregado a su trabajo en estos críticos tiempos de pandemia, a pesar de las fuertes limitaciones para su protección, lo que disparó la cifra de contagiados y muertos entre ellos.

“La situación actual del IMSS es insoportable, los derechohabientes debemos esperar meses para una consulta y a veces años para una cirugía; tenemos que pagar en farmacias, médicos y hospitales privados; esto acaba con la economía,, salud y la vida de muchos sonorenses”, sostienen.

¡Tómala!

III

Pues pasó lo que muchos temían que pasara y ayer por la tarde un grupúsculo minoritario de fifís conservadores y corruptos que perdieron sus privilegios (doble contra sencillo a que así serán definidos en la mañanera de este lunes) le mentaron la madre al presidente cuando éste se disponía a bajar del avión que lo transportaba desde Guadalajara a Ciudad de México.

Acción incivil y reprobable por donde quiera que se le vea, pero es un riesgo que el presidente asumió desde el día que decidió viajar por el país en vuelos comerciales para vender la idea de la austeridad gubernamental, evitando el uso del lujosísimo avión comprado por Calderón y (casi) pagado por Peña Nieto, y del apoyo generalizado entre la población, incluyendo esa clase media y alta que suele viajar por aire.

Algunos dicen, en defensa del presidente, que fueron solo dos quienes le gritaron. Otros dicen que fueron cinco. En realidad eso es irrelevante porque las redes sociales y los medios tradicionales replicaron el hecho casi de inmediato y al instante, la mentada presidencial se convirtió en tendencia.

Pero eso no es lo más grave. Lo verdaderamente serio es que la falta de respeto ya escaló a ese nivel en el que no se descartan otra clase de riesgos, algo que el equipo de seguridad y señaladamente los mandos militares deben estar sopesando gravemente en estos momentos.

La seguridad presidencial es un asunto de Estado y ya se agrietó el dique que contenía el respeto. Seguir exponiendo al presidente, en medio de una contienda electoral signada por la virulenta confrontación, es un riesgo que no debería seguir corriendo.

Si fueron un puñado, insisto, es irrelevante. Ese puñado sirve para mostrar a la ciudad y al mundo, que el presidente está expuesto al odio, y que el odio puede adquirir toda clase de manifestaciones.

El tema no es nuevo. Desde tiempos inmemoriales, mentarle la madre al presidente es deporte nacional entre los mexicanos.

“Qué lindo es Tepic/Y todo Nayarit/Que chingue a su madre/Miguel de la Madrid” es sólo un estribillo que documenta el caso. “Las putas declaramos que Carlos Salinas no es nuestro hijo”, es una pancarta que sirve para lo mismo. Lo que se ha dicho y se sigue diciendo de Fox y Calderón dan para un amplio catálogo de madrazos. Y eso por citar sólo los de la época moderna.

Cuando se validó el triunfo electoral de Peña Nieto, el propio López Obrador convocó a sus seguidores a ponerle ‘marca personal’ en cualquier lugar del país al que llegara. En algunas ocasiones, el convoy en que viajaba el presidente fue apedreado y los insultos le llovieron.

Hoy, las escenas de gente enojada cortándole el paso al convoy en que viaja López Obrador por tierra, golpeando las láminas y las ventanillas de su vehículo son cada vez más recurrentes.

La integridad física del presidente es un asunto de seguridad nacional. Pero no sólo eso: lo que significa en términos de propaganda normalizar la escena de un presidente abucheado o insultado es demoledor para cualquiera, pero especialmente para alguien que ha vendido la idea de que el pueblo lo protege y que su legitimidad lo inmuniza.

Argumentar que el presidente respeta la libertad de expresión como ningún otro, es apenas una salida tangencial e irresponsable al tema de fondo: así como el presidente es venerado por unos, también es odiado por otros. Y el odio puede escalar en cualquier lugar, en cualquier momento, de cualquier forma.

Personalmente, no creo que López Obrador vaya a usar el avión presidencial. Es como pensar que va a ceder a las críticas (y los insultos) de las feministas que le cuestionan su apoyo a Félix Salgado. Porque ya no se trata ni del avión, ni de las feministas ni del ‘toro sin trancas’, sino de él mismo y su negación a admitir que puede equivocarse.

Sin embargo, estoy casi seguro que en lo sucesivo tendrá que modificar los protocolos de sus viajes. Sin descartar moverse en aviones de la Fuerza Aérea, como corresponde al jefe supremo de las fuerzas armadas.

Ya veremos.

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