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Biblioteca Pública “Jesús Corral Ruiz”, fundada hace 50 años.- Y el sueño de Ramón Íñiguez, para que el Valle del Yaqui produjera no solamente trigo y millonarios, sino mujeres y hombres con luz propia, con horizonte despejado para la cultura, las artes y el humanismo entre las nuevas generaciones, fue alentado por Bartolomé, por Magda Irma, por Rodolfo León Manzo que en esos días era parte de la directiva de la Junta de Progreso y Bienestar de Cajeme, y luego sería alcalde (1973-1976).

Bernardo Elenes Habas

Si en Cajeme no hubiera soñadores como lo fueron Bartolomé Delgado de León y Ramón Iñiguez Franco, capaces de rebasar el pragmatismo de la clase política, quizás en el espacio que ahora ocupa la “Biblioteca Pública Jesús Corral Ruiz”, estaría funcionando una fría y deslumbrante franquicia comercial.

¿Cómo no recordar que un sueño revoloteaba en la mente de Íñiguez Franco, desde que llegó a Cajeme, proveniente de su natal Guadalajara?

Sabía, cuando fue reportero en Tribuna del Yaqui durante 1968, que no había en la ciudad, una biblioteca pública donde leer, investigar, desbrozar inquietudes de conocimiento, de cultura.

Biblioteca aquí nacio

Alguna vez Ramón preguntó a Bartolomé Delgado de León (periodista y poeta que por esos años tenía a su cargo el área editorial de Tribuna, y también daba vida y alas a una espléndida sección literaria denominada “La Cultura en el Noroeste”, donde había espacio para los poemas de Ramón y también colaboraba la poetisa Magda Irma Palomares, páginas en las que se conocieron a través de las letras, se casaron y sembraron las raíces de una respetable familia), sobre las raíces culturales de Cajeme.

Bartolomé, en sus conversaciones, diría que durante los años 50, 60, el Grupo Cultural Ostimuri, que concibiera junto con Miguel Sainz López Negrete, Alberto Santana, José L. Guerra Aguiluz, Héctor Navarrete Dondé, Juan Eulogio Guerra, Jesús Grijalva, Gabriel Amézaga, Carlos Moncada, Jorge García Sánchez, 

Eustolio del Río, hicieron realidad una modesta biblioteca para Cajeme, la Ostimuri, que funcionó varios años en la esquina sureste de la entonces Plaza 18 de Marzo, es decir, en la esquina de las calles Zaragoza y Veracruz.

Recuerdo que yo la visitaba siendo niño. Escribí alguna vez, que me envolvía la tranquilidad de templo que se respiraba por las mañanas en la pequeña sala de lectura, sombreada por altos árboles. Ahí descubrí la espiritualidad del poeta nayarita Amado Nervo. La madurez estética de Luis G. Urbina. Los presagios amorosos y búsqueda existencial de Manuel Acuña. La fortaleza verbal de Pablo Neruda.

Quizás, era de los pocos lectores que caminaba desde mi barrio, en las calles 6 de Abril y Tamaulipas, para llegar al encuentro irrenunciable de la poesía…

Y el sueño de Ramón, para que el Valle del Yaqui produjera no solamente trigo y millonarios, sino mujeres y hombres con luz propia, con horizonte despejado para la cultura, las artes y el humanismo entre las nuevas generaciones, fue alentado por Bartolomé, por Magda Irma, por Rodolfo León Manzo, quien en esos días era parte de la directiva de la Junta de Progreso y Bienestar de Cajeme, y luego sería alcalde (1973-1976).

Íñiguez Franco dejó Tribuna. Logró un modesto cargo administrativo en la Unidad Deportiva de la colonia Constitución, desde donde le dio continuidad a su anhelo, que ya se había convertido en obsesión.

Logró, Ramón, su empeño, enfrentando trámites burocráticos, los apoyos financieros indispensables, obteniendo luz verde para que fundara la Biblioteca Pública Municipal de Cajeme, la que nació en el edificio que fuera de la Unión de Crédito Agrícola del Yaqui –UCAY-, ubicado en la esquina de las calles Guerrero y Sonora, siendo inaugurada un 5 de mayo de 1973, hace 50 años.

La Biblioteca, recién inaugurada, comenzó a dar frutos, marcando la apertura de nuevos cauces para el desarrollo del alma de la ciudad, de Cajeme. De sus jóvenes, principalmente.

Lo digo con orgullo. En la sede primigenia de la Biblioteca, integramos, entre sus primeros lectores, con el apoyo de Ramón y de Bartolomé, un puñado de jóvenes llenos de proyectos y deseos de poner en las coordenadas creativas a Cajeme, el Grupo Cultural Siglo XX.

Ahí estaban, presentes y decididos, con la mano izquierda sobre el corazón, Jesús Antonio Salgado, María Gloria Carbajal Rascón, Enriqueta Dingfelder, Ricardo Nieblas, Daniel Delgado Saldívar, Rigoberto Badilla López, Luis Alfonso Valenzuela Segura, Javier Quiroz, y por supuesto Ramón y yo. Luego crecería el núcleo literario.

Ofrecimos, un 9 de junio de 1973, el primer recital de poesía coral con textos de mi autoría, que en realidad se constituía en una ofrenda a mi comunidad luego de haber obtenido el Premio Nacional de Poesía “Clemencia Isaura” de Mazatlán, Sinaloa, ese mismo año.

Ardua y profusa labor cultural realizamos en Cajeme, en otras ciudades de Sonora y fuera de sus límites, desde el núcleo de la Biblioteca. Se sucedieron recitales de poesía, música, obras de teatro y pantomima, por parte de Salgado, Badilla, Delgado Saldívar, Nieblas Osuna, Carlos Alberto González Berlanga, Luciano, José Manuel Franco, Antonio Fonseca, Luis Alfonso Othón, Ramón Cruz Cruz, Ginnet, José Antonio Ruiz, Horacio Soto. Hicimos radio y periodismo. Le dimos vida a un recital de Poesía Prisionera, porque uno de los nuestros se encontraba en Lecumberri, sufriendo la represión del sistema, luego de los álgidos días de la guerrilla urbana: el poeta Alí Sierra.

Durante la administración del doctor Oscar Russo Vogel en la alcaldía (1976-1979), siendo gobernador del Estado Alejandro Carrillo Marcor y presidente de la Junta de Progreso y Bienestar, el profesor José L. Guerra Aguiluz, se construyó el área de gobierno a un costado de Palacio Municipal, donde se encontraba la Concha Acústica. Y en ese complejo estructural, surgió el nuevo edificio para la Biblioteca, a donde fue trasladado el mobiliario y acervo bibliográfico, desde las calles Guerrero y Sonora.

Ahí funciona, cumpliendo su legado, y llevando el nombre desde el 27 de julio de 1994, de Biblioteca Pública Municipal “Jesús Corral Ruiz”, por iniciativa del entonces gobernador Manlio Fabio Beltrones, como homenaje al legendario maestro del periodismo y de la vida.

Y, concluyo como inicié: Si en Cajeme no hubiera soñadores como lo fueron Bartolomé Delgado de León y Ramón Íñiguez Franco, capaces de rebasar el pragmatismo de la clase política, quizás en el espacio que ahora ocupa la “Biblioteca Pública Jesús Corral Ruiz”, estaría funcionando una fría y deslumbrante franquicia comercial.

Le saludo, lector.

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