Diciembre me gustó pa’ que te aislaras

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Como se ven las cosas, todo parece indicar que tendremos una navidad y año nuevo con celebraciones virtuales.
O al menos, eso debería pasar si no queremos que el repunte de contagios tome nuevos bríos como de hecho ya está sucediendo. En el reporte de ayer se registraron más de 300 casos, cifra que no se veía desde el verano.
En todo el país, ayer el reporte fue de 8 mil 809 nuevos casos y en el rubro de los decesos la cifra rebasó los 106 mil. Cifra oficialmente reconocida, porque se sabe que al menos hay que multiplicarla por tres. Una verdadera tragedia.
La ocupación de camas en hospitales sigue creciendo y lamentablemente, lo que crece aún más es la movilidad urbana y el desdén hacia los protocolos sanitarios mínimos.
Estamos ante un panorama crítico no sólo por el descenso en las temperaturas que usualmente se traduce en un incremento en las enfermedades del sistema respiratorio, sino porque estas fechas significan para cientos de miles de personas la esperanza de hacerse de un ingreso extra, debido a que aumenta el circulante propio de los aguinaldos, el comercio y los servicios se reactivan considerablemente y florecen los negocios relacionados con la venta de toda suerte de artículos, desde los más modestos hasta los más ostentosos.
Y todo esto implica una mayor interacción humana, porque es demasiada la gente que aún no considera la opción de realizar sus compras remotamente, por vía electrónica, o no sabe cómo hacerlo.
Nadie imaginaba por allá en marzo, cuando se registraron los primeros casos de Covid19, que la contingencia se prolongaría tanto, mucho menos imaginamos un escenario como el que ya se está visualizando, en el que todavía en los primeros meses de 2021 sigamos confinados y con supresión de actividades no esenciales. Y sin vacuna.
El hecho cierto es que si no observamos las medidas pertinentes y protocolarias para la contingencia que no acaba; si nos relajamos en estas fechas posiblemente estemos estrenando años con más contagios, con más muertes. Qué difícil situación.
II
Mucha tinta y mucha saliva corrió por motivo del informe (ya ni sé en qué número va) del presidente Andrés Manuel López Obrador.
La verdad, sólo tocaré el tema a vuelapluma porque es un tanto exasperante asistir a un debate tan polarizado entre quienes sostienen que en dos años el país está al borde del precipicio en todos los sentidos, y quienes asumen que si bien no nos convertimos en Dinamarca como lo prometió hace dos años, ya andamos entre Noruega y Finlandia.
Finalmente, el presidente logró su cometido: que se hable de él, ser el centro de la atención. A dos años de distancia, eso es lo único que ha quedado claro: de eso se alimenta, para eso vive, para dirigir la orquesta de adulaciones del lado izquierdo, y la de vituperios del lado derecho, con él al centro, batuta en mano.
Jamás habrá un consenso ni le interesa que lo haya. Al contrario, entre más alto toquen las orquestas, más cautiva tendrá a la audiencia con el espectáculo, mientras él sigue montado en un discurso que es una sucesión inacabable de clichés y lugares comunes, y en posiciones inamovibles: vamos bien, vamos muy bien.
En economía, en salud, en educación, en seguridad. En todo vamos muy bien. Y no vamos más bien nomás porque los conservadores dejaron el país en ruinas, que si no Dinamarca sería como Etchojoa al lado de México.
No importa que al recibir la banda presidencial haya dicho que recibía un país en marcha y en condiciones viables. No importa que haya dicho que la pandemia le vino como anillo al dedo y ahora diga que fue uno de los principales frenos junto a la crisis económica y la crítica de la prensa fifí.
Es parte del juego y le ha funcionado.
Al final, quien tendrá la mejor opinión, la mejor evaluación de estos dos años será usted, chaira lectora, fifí lector, y tendrán sus mejores conclusiones a partir del análisis de su entorno personal, familiar, laboral, académico, social.
Esa evaluación es importante porque será definitoria a la hora de tomar decisiones el año entrante.

III
A todas las personas que se comunicaron por diversos medios para preguntar por el estado de salud de un sobrino nieto, víctima colateral de un tiroteo entre presuntos delincuentes, para expresar su solidaridad o para compartir su indignación por el estado que guarda la seguridad pública en el estado y en todo México, mi más sincero agradecimiento.
Debo informarles que el joven se recupera satisfactoriamente de la herida provocada por una bala que lo atravesó en sedal pero que afortunadamente no interesó órganos vitales. Ayer me lo reportaban de buen humor y quejándose más de los golpes recibidos en la cara cuando cayó al suelo, que del balazo.
Se comunicaron también de la Procuraduría General de Justicia del Estado para ofrecer los servicios de su Centro de Atención a Víctimas, concretamente en el área de atención psicológica, aunque ya muy entrada la noche no tenía reporte de que hubieran hecho contacto con la familia afectada, especialmente con las mujeres y niños que les tocó estar muy cerca del tiroteo y que vieron caer al joven herido de bala.
Veremos cómo evoluciona este asunto. Por lo pronto ha sido una fortuna no tener que lamentar mayores lesiones, pero el episodio definitivamente ilustra el grado de descomposición social, la permisibilidad de acción para el crimen organizado y el tufillo a impunidad que siempre llega después del tufillo a pólvora.
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