Poema de domingo.- Lo conocí muy bien, fue mi Maestro, fui su amigo.

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Bernardo Elenes Habas

Aprendí a recorrer junto con él -con Jesús Corral Ruiz-, los caminos del periodismo, pero también de la literatura, de la amistad, de la lealtad sin límites.

Valores que cultivaba y resaltaba en las reuniones bohemias, donde predominaba la buena charla y la música fina, que se deslizaba, siempre, como fondo agradable de las tertulias, luego de las esforzadas tareas en la sala de redacción del Diario, que fue mi casa hasta junio del 2014.

Las convivencias que organizaba don Jesús, no eran tiempo perdido. Siempre había en ellas una enseñanza noble para quienes formábamos parte de esa asamblea de conciencias hermanas. Incluso, se repasaban pasajes de la historia de Cajeme y de México, donde se volvía evidente la pasión del periodista por la vida de Juárez, el Benemérito; pero también, se emocionaba con el estallido revolucionario de 1910, mismo que tenía como bandera la búsqueda de la justicia social, y que, finalmente, propósitos tan generosos fueron truncados hasta llevar al pueblo por senderos de ignominia, como explicaba.

La literatura, especialmente géneros como poesía y narrativa, se constituían en tema recurrente sobre las mesas de trabajo que improvisaba. Ahí brotaban madrigales y sonetos, a los que se encargaban de imponerle su luz Jesús Antonio Salgado y Rigoberto Badilla, con los arpegios de las guitarras de Joaquín Verdugo, de Antonio Fonseca; o bien, la melodía bella surgida del talento de Luis Montoya en su teclado.

El más legítimo legado de Corral Ruiz para Cajeme y Sonora, es sin duda El Diario, en cuyas páginas muchos cajemenses aprendimos a leer, pero esencialmente a sentir el mensaje orientador y con una carga social definitiva que su fundador sabía imprimirle.

Debo decirlo con la humildad que solamente puede surgir de un ser emocionado: se cumplen –tres de diciembre de 1993- 27 años de la muerte de Jesús Corral Ruiz, leyenda señera del periodismo, quien, con su ideario magnifico y su cátedra laica, supo forjar a través del tiempo, profesionales de este oficio comprometido y profundo, quienes continúan -continuamos- llevando su nombre y su enseñanza con dignidad, para que aquellos que nada tienen encuentren en el periodismo legítimo, trincheras de lucha por la defensa de los derechos humanos, de la espiga colectiva capaz de construir los puentes de la justicia.

Ahora, cuando se cumplen 27 años de su muerte, reafirmo mi admiración por un sonorense que ya es parte de la historia de mi pueblo, a quien le profeso gratitud de amigo y Maestro, y rememoro las estrofas de un poema que escribí para él y lo puse en sus manos, cuando su Hijo Mayor, El Diario, cumplió 50 años.

Bernardo Elenes Habas

I.- Señor, con esta misma voz con la que forjo en las mañanas oraciones de tierra./ Con esta misma voz que ha aprendido a darle cauce a las pasiones. A conjugar con humildad vocablos ignorados/ como Amor, Justicia, Libertad./ Con esta voz que grita y se estremece cuando golpea el infortunio a los humildes,/ le hablo y le digo,/ que ha trazado un camino perdurable./ Que junto a la ortiga, abre sus pétalos la flor e inunda con aromas su horizonte./ Que el valle, la sierra, la costa, la distancia,/ saben llamarlo por su nombre./ Porque es usted Sonora,/ conjunción de Padre-Hijo./ De nostalgia y futuro./ De sangre renovada en el río sin límites del tiempo.

II.- Yo sé que hoy se le vendrán de golpe los recuerdos, e intentarán abrir su luz las cicatrices./ Pero:/ ¿Cuántas batallas no han pasado por sus manos?/ ¿Cuánto rumor de sueños no se han vuelto semilla/ en la parcela vertical de su conciencia?/ ¿Cuántas ideas no han sabido derramar/ sus pródigas espigas? Ya la maldad no moja sus raíces,/ Y las injurias se quiebran en su pecho/ como torrente de aves derrotadas.

III.- ¿Quién puede, ahora, vestirse su armadura/ y cabalgar las sombras/ inventando sin tregua la alborada,/ como lo hizo usted, desde un lejano abril/ que huele a tinta, letras, lágrimas?/ ¿Quién puede enseñar a los demás a navegar un Barco de Papel,/ a edificar por vocación y compromiso y gratitud,/ la historia cotidiana de Cajeme,/ a darle brillo a la memoria de Sonora?

Hay una deuda con usted, que no será saldada./ Ya no hay Quijotes, DON JESUS, de su estatura.

Le saludo, lector.

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