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El té es una bebida que ha tenido un importante papel en la vida social y cultural de las personas en todo el mundo por miles de años. Desde nuestros antepasados, las plantas se han utilizado en forma de infusiones para tratar diferentes padecimientos o como método de relajación.

En México, desde la civilización azteca, los médicos prescribían descanso con bebidas aromáticas y otras bebidas elaboradas con hierbas frescas o secas, incluyendo hojas, semillas flores, tallos, raíces o frutos, las cuales proporcionaban sabor, olor, salud y bienestar (Schendel, 1968). Actualmente, sigue siendo la bebida más consumida en todo el mundo después del agua, debido a que es sana, natural, refrescante y de exquisitos sabores y olores.

Además, diversos estudios han asociado el consumo habitual de té e infusiones herbales con propiedades antioxidantes, antiinflamatorias, antidepresivas, antidiabéticas, antimutagénicas y anticancerígenas, las cuales son atribuidas, principalmente, por su contenido en compuestos fitoquímicos como los polifenoles, terpenos, cumarinas y alcaloides, entre otros (Friedman y cols., 2005; Basu y Lucas, 2007; Li y cols., 2012). En este sentido, dentro de las plantas más utilizadas y con propiedades medicinales se encuentran el té blanco, té verde y té negro, todos derivados de la misma planta (Camellia sinensis), pero sometida a diferentes procesos fermentativos (Almajano y cols., 2008; Meinhart y cols., 2018). Otra planta comúnmente utilizada es la manzanilla (Matricaria recutita), la cual es usada para el tratamiento de problemas gastrointestinales y por sus efectos relajantes, entre otros; esto atribuido a su contenido de flavonoides, terpenos y cumarinas y otros constituyentes (Murti y cols., 2012).

A pesar de ser una bebida milenaria y muy consumida, la manera de preparar una infusión herbal puede influenciar en gran medida tanto su contenido de compuestos fitoquímicos como sus atributos sensoriales y, más importante aun, afectar sus propiedades medicinales. Estas recomendaciones no siempre son tomadas en cuenta (cantidad de agua, temperatura del agua y tiempo de infusión, tipo y parte de planta a utilizar, si es fresca o seca, si es comercial o a granel, si se endulza o se agrega crema y pasos del proceso, entre otras) para tener una bebida que proporcione aroma, sabor, cuerpo y, sobre todo, efectos benéficos en la salud.

Así pues, se deben tomar en cuenta estas consideraciones que pueden proporcionar una bebida no solo de exquisito sabor y olor, sino con una mayor cantidad de compuestos fitoquímicos con propiedades medicinales efectivas. Actualmente, en la Coordinación Regional Culiacán del Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo (CIAD) se llevan a cabo diversos estudios con diferentes plantas para conocer e informar a la sociedad sobre las condiciones óptimas de su preparación.

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