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Siembra luto e impotencia la pandemia.- Crece la lista de amigos que no cruzaron la tormenta.- Jesús Ernesto Téllez, Víctor Barrón Montañez, Fernando Arreola Rodríguez, Juan Silverio Jaime León, Gaspar Sauceda.- Sí, la responsabilidad radica en la ciudadanía, pero es notoria la falta de energía en las autoridades, que obedecen al precepto de prohibido prohibir

Bernardo Elenes Habas

La tristeza aletea en la soledad de la noche, cuando los sentimientos son alumbrados por el recuerdo de familiares, de amigos que no pudieron cruzar la tormenta de la pandemia del siglo…

Teniente Tellez

Me llega la noticia de la muerte de Jesús Ernesto Téllez Valenzuela, familiarizado durante mucho tiempo con el quehacer de los reporteros, porque él también buscaba la noticia para el Departamento de Investigaciones Políticas de las estructuras de Gobierno estatal y municipal, donde laboró por muchos años.

El teniente Téllez estaba jubilado, pero mantenía comunicación en redes sociales con sus amigos. El pasado 23 de agosto, su esposa me envió un mensaje, informando que él se encontraba hospitalizado desde hacía una semana con respirador, en la Clínica del Isssteson… No hubo mejoría. Y ayer, 3 de septiembre, me escribió: “Perdió la batalla en esta tierra, pero ganó la del cielo…”.

Descanse en paz el teniente Téllez, al igual que otros amigos que no tenían por qué morir, pero que fueron arrollados por los contagios salvajes, como Víctor Barrón Montañez, Fernando Arreola Rodríguez, Juan Silverio Jaime León, Gaspar Sauceda “El Palalo”, mi hermana María Celia Elenes Habas, mi sobrina Sabina Elenes Cañedo, en una lista que enluta mi vida…

Estas dramáticas experiencias que conforman la narrativa íntima de los seres, obligan a mantener la responsabilidad de cuidarnos, porque de esa manera protegemos a los demás, debiendo considerar que el virus, ahora más contundente en su tercera oleada, no respeta edades, clases sociales, y lastima y hace sucumbir, principalmente, a los más vulnerables, aquellos que sufren enfermedades crónico-degenerativas…

Cierto, ha faltado responsabilidad por parte de mucha gente que no respeta protocolos y tienta su suerte sin obedecer reglas. Es notorio el desprecio con que se conducen algunas personas al acudir a los centros comerciales a realizar compras, mal utilizando el cubre bocas, no guardando distancias, e incluso accediendo sin ese protector, rebasando la vigilancia apostada en las entradas. Lo he visto, por eso lo comento.

Pero la mayor responsabilidad, radica en las autoridades, en la clase política, cuyo accionar se siente blando, condescendiente, incluso aprovechable por y para ellos, propiciando reuniones, ceremonias, permitiendo que se desborden las líneas de autocuidado.

Estos desacatos podrían incrementarse y verse en municipios y entidades dentro de unos días, con la celebración de las fiestas patrias, escenario que los gobiernos no quieren desaprovechar, argumentando un mal concebido nacionalismo y fervor a México, cuando la mejor demostración de solidaridad humana, sería la austeridad presencial, encendiendo la llama de la unidad y del amor al prójimo, sin convocarlo físicamente, sin exponerlo a contagios, buscando otras formas de mantener vivo el ideal republicano…

Cierto, de todos es sabido que la clase política vive y se alimenta del aplauso. Del discurso a la medida de sus circunstancias. De sentir y gozar la aceptación que se les demuestre públicamente. Y esa clase, se torna incapaz de sacrificar los fuegos artificiales, porque les alumbran en estos tiempos de cambios, sus caminos hacia cargos futuros, por lo que no pueden admitir trabas de ninguna especie…

Le saludo, lector.

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