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 Alejandro de Anda

LO CLARO¿Todo tiempo pasado fue mejor? Es bastante posible.

La vivienda que usted hoy habita, tenemos la percepción que es una fortaleza construida para vivir siempre dentro de ella. Craso error.

La modernidad, el abaratamiento de costos para hacer cosas en serie -incluidas las casas- da como consecuencia que el uso indiscriminado de concreto, varilla y demás materiales se traduzcan en construcciones de vida útil cuantificable. 20 años a lo más.

Una técnica basada en procesos milenarios, es impulsada por los estudiosos de la academia y nos comparten sus resultados. 

La Universidad Autónoma de Tamaulipas publica acerca del proyecto de cooperación binacional con Argentina y CONACYT, el trabajo de más de diez años denominado “Tierra vertida”. 

Donde con componentes de la región, transforman el suelo en lodo líquido con agregados arenosos con el resultado similar al hoy usado como concreto magro.

La eliminación de contaminantes como el CO2 y los escombros en las construcciones ordinarias, darán pauta a que este tipo de vivienda sustentable –con la experiencia de siglos de mantenerse erguidas- será de un gran atractivo para los hogares mexicanos.

LO OSCURO. “Dios aprieta, pero no engüera…” (Leído por casualidad).

Y mientras el maldito enemigo del ser humano encarnado en el COVID-19 sigue su ruta de agotamiento y desesperación de todo país y toda ciudad en el planeta, hay aquellos que siguen dando uso al tema para beneficio político.

Tal será el caso de los vecinos del país del norte (específicamente su presidente Trump) que considera a nuestro país como una espora que contamina con crimen y ahora crisis pandémica a los EE.UU. 

Lo que se traduce en propuestas de inmigración y bloqueo con límites punitivos a las llamadas ‘green cards’ para los latinos. 

Su mira está puesta en la reelección presidencial. Y nos seguirá usando.

Por otro lado, la humanidad entera –especialmente los mexicanos- encontramos ahora más que nunca consuelo en el refugio espiritual al que hemos encomendado la solución del funesto virus.

Asistir o arropar los servicios religiosos mediante la manera que mejor le acomode (misa, oración personal, yoga, internet, TV), aumenta en más de un 27% la posibilidad de supervivencia debido a ponderar su fe en algo más allá de sus fuerzas. Aseguran expertos de la Universidad de Harvard

Menos ataques de ansiedad y favorecen el propio estado de salud.

En Brasil, Jair Bolsonaro (su lema para llegar a la presidencia de aquel país “Brasil por encima de todo, Dios por encima de todos”) le ha permitido mantener un contacto estrecho con la comunidad a partir de la fe. 

A pesar de los 66 mil 500 casos confirmados y los 4 mil 500 fallecidos por coronavirus.

La presidenta interina de Bolivia Jeanine Áñez convocó a una jornada de oración y ayuno para rogar a Dios por ayuda contra la pandemia.

El presidente de Tanzania, John Magufuli aseguró que “El coronavirus no puede sentarse en el cuerpo de Cristo”.

En la India, el jefe Musulman Maulana Saad señalaba “Si mueres por venir a la mezquita, es el mejor sitio para morir”.

En Irak, el Imán chiita Ayoud al-Mousawii apunta “Siempre hemos estado sujetos a bombas y aparatos explosivos. Pero Dios nos protege…lo mismo con el coronavirus”.

Acá en México, no sólo contamos con estampitas. 

La fe de más de 80 millones de guadalupanos de un universo de 120 millones de habitantes, es puesta a prueba y refrenda su firme creencia que la crisis sanitaria pasará. Y nos dejará una lección de supervivencia.

A pesar de los 175 mil casos confirmados y las poco más de 20 mil almas que descansan en brazos de quien nos creó.

COLOFÓN: No escatime palabras. La oración reconforta el espíritu y fortalece su templanza. No importa la religión que profese. Ni el partido… 

alejandrodeanda@hotmail.com

@deandaalejandro

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