Poema de domingo.-

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Bernardo Elenes Habas

Poema de domingo.- Cierto. La indiferencia, la maldad nubla el horizonte. Se pierde con rapidez centelleante la capacidad de asombro entre los seres humanos, como consecuencia del oleaje desbordado de la violencia: La que no tiene límite. La que no encuentra contención. La que se ha dejado crecer perversamente por gobiernos de antes y de ahora.

Son décadas las que el país, y Sonora y Cajeme han vivido la incapacidad de políticas públicas conjugadas para detener esa tormenta de sangre que registran las estadísticas, y que hablan de masacrados, destazados, quemados, donde se incluyen niños.

La voz de la poesía tiene, además de un pacto de amor con la belleza, un compromiso de luz con la conciencia, y debe levantarse como una llamarada para exigir no favores a los gobiernos en turno, sino actos de justicia que busquen el centro, el objetivo de la perversidad humana, para que los daños colaterales no destruyan la inocencia de los niños, la buena voluntad de los adultos.

Se percibe la viscosa falsedad de los políticos cuando tratan de esconder en sus informes por ambiciones ciegas, una realidad inocultable: Que todos miran. Que todos sienten. Que todos detestan.

Es cuando el ser humano descubre, en ese mar mediático donde estremecen por su falsedad las palabras huecas, que se está quedando solamente con el humilde esfuerzo de sus manos, y únicamente puede recurrir a la voluntad divina.

La poesía es, sin duda, una oración con la que se puede hablar de frente con Dios, cuando se ha perdido la confianza en los políticos…

Bernardo Elenes Habas

TE SUPLICO, SEÑOR

Te suplico, Señor, con esta voz de tierra,

con este anhelo antiguo que me viene de siglos, 

con este sentimiento de mi raza morena,

qué cuides a los niños… ¡qué cuides a los niños…!

Un tiempo de metal golpea el horizonte,

cabalga despiadado con su grito de muerte;

y los surcos se beben la soledad del hombre,

y ya nadie lo siente…¡y ya nadie lo siente…!

Enséñanos la fe, muéstranos la esperanza;

dale a los niños luz, destino, paz, distancia;

una canción de amor anida en sus gargantas.

Déjalos madurar como fruta sencilla,

que nadie los lastime, que nada los inquiete,

que recen tu oración, transparente, bendita…

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