El odio, la anarquía, recorren los caminos de México.-

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Bernardo Elenes Habas

El odio, la anarquía, recorren los caminos de México.- Se percibe, hasta el momento, que el país carece de liderazgo profundo, constructivo, revolucionario.- Las actitudes de venganza y polarización no deben de estar sentadas en la Silla del Águila, dirigiendo el destino de 127 millones de mexicanos.

Bernardo Elenes Habas

Se vuelve evidente.

El odio, la anarquía, recorren caminos de pueblos y ciudades de México.

Se trata de un caldo de cultivo peligroso que arroja ya, semillas amargas.

Se constata con el desarrollo de marchas violentas. De cuestionamientos frontales por parte de quienes, al principio, daban su vida por la Cuarta Transformación. Más bien, por Andrés Manuel López Obrador.

Los responsables de la conducción del país, intentan señalar para su justificación político-social, que se trata de acciones provenientes de las entrañas negras del conservadurismo, mismo que se infiltra en manifestaciones y reclamos, dando coletazos desesperados para que el poder no se les vaya del todo, de las manos.

Pero esas exposiciones cómodas, resultan insuficientes, ante una realidad cruel que no sólo amenaza sino que destruye ya la tranquilidad a que las familias tienen derecho, exponiéndolas, además, al contagio del germen de la violencia. Mismo que se mete en la sangre de hombres, mujeres, jóvenes y hasta niños…

Y es que las condiciones objetivas y subjetivas se están dando muy rápido, para que el desorden, el caos, la falta de respeto a instituciones, a principios y valores y a la vida misma, revienten.

Hay ejemplos que son fríamente cotidianos. Enfermando mentes y actitudes. Como los hechos que dejan de ser ya motivo de temor, cuando alguien asesina y destaza fríamente a sus víctimas y esparce sus partes por las calles.

El crimen organizado, por medio de sus oficiantes, ha venido sembrando esa práctica sangrienta que, en estos tiempos, deja de asombrar por recurrente.

Y tan brutales ejemplos, contagian.

Por eso, en la hora rabiosa de las marchas, se encienden fácilmente los ánimos. Y la débil línea del respeto a la propiedad privada, religiones, monumentos, instituciones, seres humanos y símbolos, se diluye y desaparece, ante una electrizante corriente de venganza contra todo y contra todos; más, cuando no existen valores, conciencia cívica que contenga las muestras degradantes de terrorismo, y se aliente a la división y al escarnio con la clasificación de buenos y malos, permitiendo discernir a los actores, que en estos tiempos de 4T es legal que los “buenos” destruyan, para bien de la nueva historia que se escribe, los cimientos oprobiosos de los “malos”; como superficial justificación.

Algo grave está pasando en el país. Debemos admitirlo, antes que sea demasiado tarde.

Comienzan a mostrarse las garras y los colmillos del México bronco. Del tigre que, ciertamente, había apaciguado AMLO con el triunfo electoral de su Cuarta Transformación, presagiando un cambio inteligente y pacífico a favor de la nación, que la gente esperaba. Pero que, ahora, desde el mismo núcleo de su partido en el poder –Morena-, brotan las llamaradas de la destrucción y de instituciones. Pero, también, en un giro dimensional de conceptos históricos, reconociendo –AMLO lo ha dicho- que la anarquía es una corriente filosófica profunda y de ideales propositivos.

Pero, cuidado. Esas mismas llamas pueden quemar a quienes las alientan, porque la revolución pacífica prometida se está volviendo tormentosa.

Hay nubarrones negros en el horizonte de la Patria. Resulta impredecible su futuro. Se percibe que México, hasta el momento, carece de liderazgo profundo, responsable, nacionalista, y sólo tiene un presidente de una gran popularidad a quien adoran 30 millones de ciudadanos, quien en base a esa potestad, destruye la raigambre del país, con acciones malas que parecen buenas.

El odio no debe estar sentado en la Silla del Águila, dirigiendo el destino de 127 millones de mexicanos.

Le saludo, lector.

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