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La alianza Va por Sonora está frotándose la manos ante la eventualidad de que la diputada federal Wendy Briseño o Reyna Castro Longoria sean favorecidas por las encuestas para ser alguna de ellas la candidata de Morena a la alcaldía de Hermosillo.

La sola inscripción de la diputada es un torpedo impactando en la línea de flotación del barco que, canturreando y guitarra en mano timoneaba la alcaldesa Célida López y que ahora puede chocar con el iceberg de la soterrada disputa que desde 2018 se libra entre los autoproclamados ‘morenistas puros’ y los que, llegados súbitamente de otros partidos, ganaron posiciones importantes y dejaron a los otros resignados a papeles secundarios, en el mejor de los casos.

Es decir, no es una amenaza para la alianza Va por Sonora, sino para la unidad interna de Morena que, no hay que olvidarlo, tuvo un crecimiento explosivo de 2015 a 2018, pero no por los perfiles de sus candidatos y candidatas, sino por el arrastre de la candidatura presidencial de Andrés Manuel López Obrador.

Recuerden que el voto duro de Morena en Hermosillo sólo le alcanzó para obtener poco más de cinco mil votos en 2015, pero ya para 2018, con la convocatoria de Andrés Manuel a votar ‘de chorrito’ por los candidatos de Morena, y con la incorporación de otros personajes que algo debieron aportar en términos de recursos humanos, materiales y económicos, para 2018 Célida López pudo llegar a 102 mil votos. Una diferencia abismal.

La propia Wendy Briseño tuvo, como candidata a diputada local por el distrito XI en Hermosillo en 2015, mil 954 votos. Sí, menos de dos mil votos es realmente lo que la señorita representa si le quitan el paraguas de la coyuntura 2018.

No hay que olvidar tampoco que en la pasada elección el PRI solo rebasó los 85 mil votos y la alianza PAN-PRD tuvo más de 50 mil, y esta vez van juntos los tres.

Es claro que estos números no son inamovibles, pero sirven para ilustrar lo cerrado que puede ser la contienda en la capital del estado, donde el que gana lo hace con más de cien mil votos y esos se suman casi automáticamente al candidato a la gubernatura, que en estos momentos debe estar sopesando muy bien el caso Hermosillo.

Morena 2015 no fue lo mismo que Morena 2018, pero tampoco es lo mismo que Morena 2021.

A la diputada no se le puede regatear trabajo, si bien éste se circunscribe fundamentalmente a la agenda de la comunidad Lésbico Gay Bisexual Transgénero Transexual Trasvesti Intersexual y Queer, así como a la promoción del matrimonio igualitario y el derecho a la interrupción legal del embarazo, que sin duda es una agenda interesante y actual, pero no deja de ser, lamentablemente, una que aún no convoca a las grandes masas.

Lamentablemente, digo, porque la reivindicación de los derechos progresivos tendría que palpitar siempre en la agenda pública, más allá de los ruidosos, pero aún pequeños grupos en los que gravita la diputada, ya para incendiar archivos en el Supremo Tribunal de Justicia, ya para grafittear Catedral, el Palacio de Gobierno o el Congreso.

(Sí, yo fui el primero que llamó a no criminalizar esas protestas, aunque la diputada se aprovechó de un tuit mal contextualizado para insultarme y echarme encima su granjita de trolls, pero ese es un asunto menor).

Lo que no es un asunto menor es la disputa por la capital del estado que, si la pierde Morena, podría definir el resultado de la elección a la gubernatura.

Ahora bien, la diputada no es la única que representa una ruta de confrontación con la alcaldesa Célida López. También se pre registró Reyna Castro Longoria, ésta sí una académica consolidada y con una agenda medioambientalista a la que Morena no le hizo justicia al registrarla como suplente de Lilly Téllez, y tuvo que conformarse con ver cómo la conductora de televisión le daba con un palmo en las narices al proyecto de nación del presidente, sumándose a la bancada del PAN en el Senado.

Ambas, insisto, tienen méritos y capacidades para competir por la alcaldía. Pero lo que estará bajo la lupa en los días que vienen, es el método de selección.

Como no hay candidatura de unidad, Morena irá por la encuesta. Una encuesta de la que solo se conocen los resultados y de las que un aspirante a una candidatura por una diputación federal me dijo, textualmente: “son puro pedo”.

En la ‘real politik’ los criterios para definir candidaturas son otros, y entre ellos destacan la cercanía con el grupo que hegemoniza el poder en Morena, la solvencia financiera y la estructura para llevar votos a las urnas, más allá de los que van a meter los programas clientelares del gobierno federal.

En esa lógica, cualquiera diría que la ventaja la tiene Célida López por encima de Reyna Castro y Wendy Briseño, pero a estas alturas ya no se sabe.

Lo que sí se sabe es que en el cañaveral de pasiones en este proceso local, pero fundamental, podríamos asistir a una reedición de aquel pasaje en el que Alejandro López Caballero como alcalde panista, le quitó el paraguas a Damián Zepeda, enojado porque su partido no postuló a María Dolores del Río, y propició el triunfo del Maloro Acosta, al que por cierto nunca pudo llevar a juicio su sucesora, porque aunque le echó ganitas, los morenistas en el Congreso la batearon.

Qué revoltijo.

Lo mejor que le pudiera pasar a la alianza Va por Sonora, es que Reyna Castro o Wendy Briseño le ganaran la candidatura a Célida López.

De hecho, los servicios de inteligencia de El Zancudo ya detectaron a varios priistas y panistas (algunos de militancia comprobada, otros desde su condición de tontos útiles al PRIAN) pujando para que Wendy sea la candidata. Falta ver si Célida se deja.

Vámonos por palomitas y sodas.

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