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TENDRÁ RESPIROS DE PAZ EL REYSOLO SI TRANSITA EN LA LEGALIDAD Por: J. Gumval

Jesus Guadalupe Morales Valenzuela


Los reyes de la tierra no pueden existir por sí mismos, los que no fueron abortados, son hijos de una dolorosa y a la vez grata e ingrata herramienta, bella y tosca, inocente y peligrosa, bondadosa y envilecedora, bendita y maldita, diáfana y a la vez aberrantemente oscura, la política.


De la POLÍTICA, de sus entramados y disturbios a todo motor, surgen los gobernantes del mundo, grandes y pequeños, sin el producto vivo de un parto salvaje donde operadores, sucios y limpios, meten sus manos para sacar el fruto en su placenta supurando la babosidad del poder, del vientre de una embravecida bestia electoral. Y ahora perviven en un aparato que los mantiene alertas y sagazmente desconfiados, en la primera incubadora formada por lisonjas y favores, adulaciones y admiraciones sin fin, donde muy pocos, realmente muy pocos, se atreven a contradecir al recién nacido rey, que manda y le obedecen, de donde rápido se crece para desarrollarse en su pequeña y corta luna de miel de abrazos y felicitaciones, que igual como surgen se extinguen para dar paso a lo real de ese submundo perverso que arrastra al gobernante al centro de un torbellino filoso, envidioso, cínico, falso, de dobleces y traiciones, de sentimientos bipolares incontrolables y soledad inmensa entre multitudes vitoreándole.


Es la política el instrumento de uso humano que comunica las pasiones de los hombres, enlaza deseos puros e impuros, pone a prueba talla y consistencia humana ante el embate sufrido de gobernar. Ganar la elección es un pequeño paso, mas no por ello fácil, llegar al poder y sentarse en la codiciada silla es otra cosa, pero mucho más diferente lo es sostenerse, mantenerse y mantener el poder; que es precisamente ahí donde yace la habilidad siniestra del político, donde se sabe qué uso dará a su talento, pues tiene que decidir el camino para no ser derribado, mantener los equilibrios y vivir su estancia el tiempo más largo posible.


Es en ese contexto de ejercicio del poder donde el rey o reina deberá decidir al primer segundo de tomar el mando por cuál camino transitar: el ancho o el estrecho. Sépase pues que como todo en la vida hay dos ruas y ambas son altamente costosas y profundamente dolorosas, de riesgo y palestra de derrocamiento. Ambas son muy difíciles. Duelen, atormentan y deprimen al ser humano. No hay una que sea paradisíaca, las dos son infernales, tanto en una como en otra se necesitan intestinos para resistir y flotar en medio de mar de fuego picado y revuelto. La ruta de los CORRUPTOS, que es ancha, aparentemente sencilla, económicamente redituable, pero profundamente desgastante del alma y el espíritu, pues tanto el sentimiento humano se afecta como el pensamiento mismo, amén de la posibilidad de caer en manos de la ley por vergonzantes delitos a los erarios públicos. Y la senda angosta, la del decente, esa que igual se sufre y se corren los mismos riesgos, pero que llorando y gimiendo logra fortaleza de alma y espíritu, es que como broto en primavera nace y se extiende tanto la ética política, como para algunos la moral, fortaleciendo sus sentimientos y profundizando el espíritu para enfrentar la dura faena de ser rey, gobernar una nación, entidad federativa o municipio. Insistiendo en que conlleva los mismos riesgos, tanto un camino como el otro, ya que igual este último puede ser acusado y perseguido por delitos fabricados por enemigos poderosos que usan todo para derrotarle. Sin embargo, hay una poderosa diferencia, una razón gigante que hace mejor el TRÁNSITO por la ruta de HONESTIDAD y DECENCIA POLÍTICA, que por la otra, y es que da de gracia la necesaria paz para enfrentar lo malo y a los malos, da fuerza para vivir, que frecuentemente pierde el deshonesto y lo lleva a desear y aún ejecutar maldades para poner quietos a sus adversarios, y algunos rebasan en su rabia iniquidad lo humano y se vuelven lobos del hombre. Casos de asesinatos los hay y muchos entre políticos descontrolados y desquiciados. La tranquilidad  solo se logra dentro de la legalidad, no fuera de ella, no por ello no es sufrida, claro que lo es, y mucho. Es ahí en la ruta de la integridad donde se resiste todo, se mantiene la ecuanimidad y se recibe la hondonada mediática salvaje sin atisbo de nervios, desplazándose en sereno vuelo en medio de huracán. Es siendo políticamente rectos de corazón y de transparente acción, que se logra resistir las tentaciones de gobernar como tirano y se opta por la ruta  de la decencia beneficiando el entendimiento entre los hombres; pero sobre todo, se decide por la idea de ser un rey incorruptible, escaso pero no difícil, tan urgente para la vida misma, como para esta sociedad que lo reclama enérgicamente, luego de siglos de tanta indecencia y mentira decadente.


Conducirse por la ley es mucho mejor que vivir al filo de la ilegalidad, no robar, no mentir y no traicionar al pueblo tiene sentido desde la lógica filosófica de la paz interior e incluso, desde la praxis mundana  beneficia a todos por el tipo de rey que incuba para futuras responsabilidades en nuevos estadios superiores de gobernante que se observa en el adviento político.


Gobernante, rey o reina, que no entienda su papel histórico en el momento en que se hace del poder, lejos de asumir el desafío de la rua de la vida ética y opta por la malévola y siniestra vida ruin de la corrupción, estará destinado a vivir bajo los horrores del que siempre “huye sin que haya quien lo persiga”, cuando no ha sido descubierto, pero en efecto, huirá con más razón, cuando expuesto al mundo en redes sociales LO PERSIGAN hasta lo último de la tierra. Envejecimiento prematuro que le destrozará el alma y el espíritu, que sólo puede salvarse manteniéndose en la paz que solo la legalidad puede dar, en la horrorizante tormenta de la cruel y despiadada política mexicana.


Tendrá respiros de paz el rey, solo si transita en la legalidad.
¡Gracias y hasta la próxima!
J. Gumval

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DR. Diciembre 2018

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