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Escobazo al panal

Alguna vez lo ha mencionado por su nombre, otras no, pero desde su campaña para la gubernatura, y en sus dos informes de gobierno Alfonso Durazo mostró que tiene muy claro a quien se enfrentaba: Manlio Fabio Beltrones.

En repetidas ocasiones, el gobernador Durazo ha aludido a ese personaje como la cabeza de un grupo que gobernó Sonora durante ‘un sexenio de 30 años’ y lo hizo desde la perspectiva de la depredación presupuestal. Aunque hace algunos meses corrigió y excluyó de ese periodo la gestión de Eduardo Bours Castelo, quien por cierto hace exactamente un año le dio un ‘raite’ desde un evento en el centro de Ciudad Obregón hasta el aeropuerto de esa misma ciudad.

Se trató, dijo entonces, de una conversación relacionada con la adquisición por parte del gobierno del estado, de unos terrenos para la instalación de una planta fotovoltaica similar a la que se construye en Puerto Peñasco. Ante las críticas por ese encuentro, Durazo Montaño sostuvo estar dispuesto a ‘pagar el costo político’.

Lo anterior solo pretende dar un poco de contexto a los acontecimientos ocurridos en las últimas semanas, cuando el nombre de Manlio Fabio Beltrones Rivera comenzó a ser barajado entre los posibles aspirantes a la candidatura al senado de la República por parte de la alianza opositora PRI-PAN-PRD hoy llamada Fuerza y Corazón por México. También se ha manejado el nombre de su hija, la senadora Sylvana Beltrones Sánchez.

Para alimentar más las especulaciones y acicatear a la comentocracia, ambos estuvieron presentes ayer en un evento de la Fundación Beltrones donde se presentó una Aplicación para brindar información sobre el cáncer de mama, su prevención y atención de emergencias, tema en el que ha venido trabajando desde hace al menos tres décadas.

Pero considerando el ambiente político, la nota fue que el exgobernador se encuentra evaluando la posibilidad de regresar a la escena pública, de la que si bien nunca ha salido, sí ha mantenido un bajo perfil en los últimos años. Varios son los colegas que han preguntado a los aspirantes de Morena a la candidatura al senado si no temen enfrentarse a Manlio en la contienda. Al menos Heriberto Aguilar y Omar del Valle han respondido negativamente.

Pero ¿por qué habrían de temerle? O mejor aún, ¿por qué les preguntan eso?

Supongo que porque en el imaginario colectivo subyace la idea de Manlio como un político forjado en la vieja escuela del PRI setentero, a la sombra del legendario Fernando Gutiérrez Barrios; ha sido gobernador del estado, coordinador de diputados federales y de senadores priistas; dirigente nacional de su partido y ha sabido tejer una poderosa red de apoyo entre la vieja clase política y/o empresarial.

Sobre Manlio se han tejido un sinfín de leyendas, algunas de las cuales vale más creerlas que averiguarlas y entre otras cosas, por eso algunos suponen que como candidato de la alianza opositora al senado en Sonora, sería un candidato poderoso política y económicamente.

Personalmente creo que no lo veremos en la boleta, pero no por las razones que algunos esgrimen y que aluden a su edad, pues a sus 71 años, he escuchado decir a algunos, no aguantaría el trajín de una campaña. No es por ahí. Andrés Manuel López Obrador tiene 70 años y Alfonso Durazo 69. Ninguno de los tres se malpasa, no se atienden en el IMSS ni compran sus suplementos, vitaminas, aditivos y medicinas en las farmacias del doctor Simi.

En su clásico lenguaje críptico, Manlio sostuvo que ‘las cosas no están bien en el país y que en el futuro, la solución está en el Congreso’, y al modo, todo mundo sacó las conclusiones que a su entender alcanzaron.

El tema de fondo es que Beltrones ya levantó la mano y, creo, no para andar repartiendo volantes en las colonias, encabezando mítines en Huachinera o pegando calcomanías en Tetanchopo, sino para hacerse presente en la contienda electoral 2024 poniendo a disposición de la alianza opositora los recursos -de todo tipo- que a su alcance tiene.

Y de que hizo ruido, lo hizo. Pero básicamente eso obedece a lo que representa en Sonora para los priistas y -quién lo dijera- para los panistas, pero también para el partido en el poder y específicamente para el jefe político de la ‘nueva’ clase gobernante, algo así como su némesis.

Las cosas se ponen más interesantes si a eso le agregamos que ayer, Ricardo Bours Castelo, poderoso empresario y político de Sonora cuya familia registra más desencuentros que cercanías con Beltrones (aunque Ricardo, el más político del clan ha sido el menos frontal) posteó ayer en sus redes sociales una fotografía en la que aparece muy sonriente al lado del exgobernador en el que se lee: “Son tiempos de sumar en busca del objetivo mayúsculo, lograr que Xóchitl Gálvez llegue a la presidencia de la República e impedir que Morena y López Obrador controlen el Congreso y se amplíe la regresión en México. Saludo con afecto a Manlio Fabio Beltrones y Sylvana Beltrones”.

Muchas cuartillas habrán de escribirse sobre este episodio, pero por lo pronto aquí lo dejamos, y dejamos también al politizado lector, la grillísima lectora, las lecturas correspondientes para retroalimentar el análisis que, por supuesto tiene tantas aristas como pasajes la historia política de al menos los últimos treinta años.

II

Y a propósito de escobazos al panal, fuerte sacudida la que dio hace unos días la titular de la Defensoría de los Derechos Universitarios, María Auxiliadora Moreno al proporcionar cifras preocupantes del incremento en los casos de violencia de género y acoso sexual en la Universidad de Sonora.

Si el año pasado hasta el mes de agosto se presentaron 36 casos en la Unison, durante lo que va del presente año se han abierto 127 expedientes, lo que refleja una escalada que, de acuerdo a fuentes universitarias no dimensiona la gravedad del problema pues hay una cifra negra de casos no denunciados por diversas razones.

Pero además el seguimiento de estas denuncias se complica porque la Defensoría solo cuenta con tres personas para atenderlas, en una comunidad universitaria integrada por más de 35 mil estudiantes y más de seis mil docentes y empleados manuales y administrativos.

No es la primera vez que se denuncian situaciones relacionadas con este problema, pero el incremento de casos debería ser un llamado de atención a las autoridades universitarias y del gobierno del estado.

Nomás como dato, la diputada María Alicia Gaytán presentó desde la legislatura pasada (esta es su segunda gestión en el Congreso) una iniciativa para prevenir y erradicar el acoso en las instituciones de educación superior, que se encuentra en la ‘congeladora legislativa’ y que, dadas las alarmantes cifras sería bueno desempolvar antes de que los casos de violencia de género y acoso sigan escalando, sobre todo en la Universidad de Sonora.

Dicha iniciativa parte de reconocimiento de que este problema existe, pero “desde la perspectiva de las estudiantes resulta complejo enfrentarse y defenderse del acoso sexual porque además del caso personal se está enfrentando al condicionamiento que la propia estructura educativa, jerárquica y masculinizada aporta al silencio por parte de las víctimas que no disponen de herramientas necesarias para enfrentarse mediante la denuncia a toda la estructura del poder”.

Y esa estructura del poder quizás sea a la que le conviene mantener a la Defensoría de los Derechos Universitarios con solo tres personas para atender todos los casos que pueden presentarse en una comunidad de casi 50 mil integrantes. Quizás.

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