El Sonora posible

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Los episodios de violencia que han sacudido al estado en los últimos días deben mover no solo al gobierno a replantear sus políticas públicas en materia de seguridad y a hacer los ajustes necesarios en las dependencias involucradas, sino también tienen que mover a la sociedad a la reflexión sobre la permisividad y la normalización de la convivencia cotidiana con personas de dudoso proceder.

El problema es más que complejo, porque con el transcurso de los años, los personeros del crimen organizado han ido trasminando el tejido social y en cualquier momento y en el lugar menos esperado pueden aparecer las consecuencias de sus reyertas con resultados letales.

Lo ocurrido la madrugada del domingo en el antro denominado Jakarta, al que ya se le suspendió su licencia de alcoholes en tanto se investigan los hechos en los que perdieron la vida tres sujetos presuntamente ligados a un grupo criminal, afortunadamente no arrojó víctimas colaterales, pero en situaciones similares esa parece ser la excepción y no la regla.

La Fiscalía estatal informó que entre los fallecidos están identificados como quienes en vida llevaban el nombre de Luis Antonio “N” y Felizardo Armando “N”, presuntos integrantes de una organización criminal asentada en Nogales, siendo los responsables de sus operaciones en Carbó, Estación Pesqueira, Ures y Rayón.

Uno de los lesionados, de nombre Kevin Alejandro “N” es hijo de un sujeto que recientemente fue señalado como miembro de una organización criminal con base en Nogales, por la Oficina de Control de Activos Extranjeros, del Departamento del Tesoro de Estados Unidos.

A estas alturas no sorprende que los jóvenes participantes de esta zacapela tengan antecedentes o ligas con grupos delincuenciales, pero es más preocupante la facilidad con que se entreveran en el tejido social formando parte de la convivencia cotidiana, en la que aparecen como cualquier otro parroquiano, pero armados.

Es humanamente imposible que un ciudadano común y corriente esté en condiciones de identificar a cada uno de los potenciales miembros del hampa, pero abundan los casos en que sabiéndolo, aceptan la convivencia vecinal o la coincidencia en ciertos sitios de recreación, negándose a hacerles un vacío social, que sería menos complicado, por razones obvias, que denunciarlos, pues el temor a represalias es alto y justificado.

Por otro lado está la responsabilidad de los tres niveles de gobierno en las tareas de seguridad pública, investigación de delitos y labores de inteligencia para combatir el crimen.

El asunto se complica todavía más si se inserta en el contexto de una campaña electoral, donde eventos de esta naturaleza son capitalizados políticamente: lo hicieron quienes hoy son gobierno y antes eran oposición, y lo hacen quienes hoy son oposición y antes eran gobierno.

Cito, para ilustrar lo anterior, la columna más reciente de Jorge Zepeda Patterson: (Con Peña Nieto) “los asesinatos rondaban la cifra de 100 diarios, sin que la nota roja inundara los noticieros. La cobertura tan contrastante fue producto, en parte, de la estrategia de silencio que impuso el gobierno peñanietista, ayudada por una derrama sustancial en publicidad oficial; y en parte porque la oposición ha encontrado que esta es la punta de lanza, el flanco más débil de la 4T, de cara a la opinión pública. Nada es más efectivo que exasperar los miedos de la población y a eso está dedicada en gran medida la estrategia electoral y mediática de los adversarios del lopezobradorismo”.

No se puede ignorar lo que sucede, sobre todo si ocurre en entornos cada vez más cercanos, pero coincido con el periodista cuando dice: “Defender la estrategia de seguridad a ultranza para apoyar a la 4T puede ser tan dañino como desacreditarla simplemente para dañar al gobierno o a su candidata. Un tema demasiado importante para convertirlo en piñata de intereses y pasiones políticas”.

II

Afortunadamente existe otro Sonora del que participa la abrumadora mayoría de la población que mantiene sus cotidianidades al margen del accionar de grupos delincuenciales, que se levanta a trabajar y/o a estudiar todos los días y que tiene todo el derecho a vivir en paz y a mantener a salvo su acceso a la cultura, la recreación y el entretenimiento.

El Festival Alfonso Ortiz Tirado se llevó a cabo en Álamos, la pintoresca ciudad colonial que se vistió de fiesta como en los últimos 39 años para convertirse en un remanso de cultura que convocó a decenas de miles de visitantes de Sonora, de varios estados del país y del extranjero.

Durante nueve días con sus noches, desfilaron por los distintos escenarios los mejores exponentes de los géneros operísticos con que se rinde tributo al doctor Ortiz Tirado, cuya impresionante historia tendríamos que conocer todos los sonorenses.

Pero además, las plazas y los callejones, los viejos edificios coloniales y hasta el arroyo y las afueras de la ciudad se colmaron de espectáculos de todas las disciplinar artísticas y para todos los gustos.

Me tocó asistir a la inauguración y la clausura y disfrutar de varios conciertos y callejoneadas junto a miles de personas que refuerzan la esperanza de una sociedad pacífica y gozosa que puede participar de este maravilloso evento que por cierto concluyó con saldo blanco.

Esta edición tuvo como invitados especiales al estado de Guanajuato, sede del Festival Internacional Cervantino al que Sonora fue invitado el año pasado, así como una representación de EEUU; para el siguiente año, el FAOT tendrá como invitado especial al estado de Michoacán, cuyo gobernador Alfredo Ramírez Bedolla acompañó a su homólogo sonorense, Alfonso Durazo en la clausura y en la entrega de la Medalla Alfonso Ortiz Tirado al barítono Jesús Suaste, y se reconoció al joven pianista hermosillense Luis Carlos Juárez Salas, que en su momento demostró el prodigio de sus manos y justificó plenamente tal distinción.

Este Sonora es el que sí nos gusta y el que esperamos ver en Guaymas que comenzará el próximo 8 de febrero y hasta el 13 de ese mismo mes tendrá una cartelera que nadie se querrá perder, con actividades recreativas y culturales durante todo el día, y el cerrojazo cada noche con los conciertos de Laberinto, Matute, Los Ángeles Azules, Banda Los Recoditos, La Brissa y en la clausura, Alejandra Guzmán.

La alcaldesa del puerto, Karla Córdova González se ha esmerado en articular una oferta cultural muy completa y de calidad en este, su último año de gobierno aunque, si por la víspera se saca el día, es muy posible que vengan otros tres si decide ir por la extensión de mandato buscando repetir en las urnas el holgado triunfo electoral que tuvo en 2021.

Los vientos soplan a favor de la doctora Córdova González sobre todo por lo que ha ocurrido en los últimos dos años con la generosa inyección de recursos federales y estatales en diversas obras, señaladamente la de modernización del puerto donde se están invirtiendo alrededor de 13 mil millones de pesos.

Es más que evidente la prioridad que para los gobiernos estatal y federal representa el puerto de Guaymas y la excepcional aliada que han encontrado para ello en la alcaldesa.

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