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Los millennials no lo registran, pero en aquella campaña electoral de 1997 cuando apareció la pluralidad de tercios en Sonora y todavía no era tan nutrida esa fauna de mercadólogos, asesores y estrategas de comunicación, a un candidato (o a sus asesores) se le ocurrió que era buena idea patentizar su identificación con el pueblo haciendo lo que el pueblo hace.

¿Y qué es lo que el pueblo de Sonora hace, indistintamente de su posición en la escala social?

Sin duda, comer carne asada.

La carne asada no solo es un símbolo de identidad por estas bravías tierras de hombres y mujeres que vencieron el desierto y bla-bla-bla… también es un pretexto para el encuentro, para la reunión familiar, la amenidad aderezada con cerveza fría y salsas tatemadas.

O sea, la idea de aquel candidato (o sus asesores) no era mala. Una campaña exitosa finca buena parte de sus expectativas en la identificación del candidato con la gente más común que corriente. Los mensajes deben humanizarlo, proyectar a una persona cuya cotidianidad es la misma que la de cualquiera.

El pequeño problemilla es que aquel candidato, de cuyo nombre no quiero acordarme pero cuyas iniciales son G de Gilberto y OV de Otero Valenzuela apareció en dicho spot acuclillado sobre una improvisada parrilla echando unos tremendos cortes de Rib Eye de por lo menos pulgada, jugosos y exquisitos, en medio del humeante aroma que traspasaba las pantallas de televisión y hacía salivar al respetable público.

Pero que al mismo tiempo le hacía pensar, a una inmensa mayoría de ese respetable público que no habían visto esos cortes más que en fotos, en lo inalcanzable de esos manjares y sobre todo, en la tremenda brecha que los separa de esa clase política cuya normalidad es zamparse un trozo de carne que puede llegar a costar el equivalente a una semana de trabajo duro por el salario mínimo.

El candidato en meción, desde luego, perdió la elección. Obviamente, la derrota no puede endosarse a ese spot. O al menos, no solo a ese spot. Hubo muchos elementos de contexto que a la postre se tradujeron en un resultado electoral donde por primera vez el PRI perdió la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados, el PAN tuvo que posponer su expectativa de ganar la gubernatura y la izquierda registró su mayor crecimiento hasta entonces, bajo las siglas del PRD.

24 años después, algunos políticos parecen no haber aprendido nada.

El primero fue Alfonso Durazo, que apareció en un video acompañado de los más prósperos empresarios de Nogales en torno a una mesa donde un chef cortaba con destreza un gran ‘tomahawk’ (disculpen si no le atino al corte, pero soy de los que no estamos muy familiarizados con esas exquisiteces) y esparciendo sobre él los gránulos de sal con el estilo de Nusret Göckze, mejor conocido como Salt Bae, un excéntrico turco que tiene restaurantes en New York, Dubai y Londres.

En esos restaurantes han comido Cristiano Ronaldo, Messi, Maradona, Rhianna, Nicolás Maduro, entre otras celebridades.
El segundo fue Ricardo Bours, que difundió un spot en el que aparece él mismo asando unos cortes de los que el colega y amigo Froylán Campos escribió en su cuenta de Facebook: “Esos cortes yo no los pondría en una parrilla, sino en un banco a plazo fijo”. Ya con eso no tengo nada más que agregar.

Ayer, el coordinador parlamentario del PAN en el congreso local, Gildardo Real posteó en su cuenta de Twitter una foto en la que aparece con el dirigente municipal de ese partido en Hermosillo, mostrando tremendos cortes (añejados, me dicen) sazonados con vaya usted a saber qué exóticas hierbas y condimentos.

Con la despreocupación que da el confort de quienes no han vivido de otra cosa que de la política, sonríen mientras muestran casi media vaca en dos tablas con tres cortes finos listos para cocinarse.
Gilberto Otero es poco menos que un diletante frente a estos experimentados parrilleros que simbolizan entre otras cosas, el éxito de la política y la empresa.

El paraíso culinario al que se puede acceder por la vía del servicio público, el control de un partido o el reparto de plurinominales.
No está mal. En serio que no está mal que presuman lo exitoso que se puede llegar a ser por esa vía pero, a contrapelo de lo que digan sus asesores de marketing, tengo mis reservas de que ese sea el mejor modo de identificarse con una mayoría de electores que le batallan en serio para llevar frijolitos, huevos, leche y pan a sus mesas.

A menos que las campañas electorales sean una suerte de manual de éxito para convocar al pueblo a incursionar en la política como la vía más expedita para llegar a ese momento en el que todos podamos disfrutar esa cotidianidad donde la principal preocupación sean las pulgadas del corte, el marmoleado y el proceso de añejamiento.

Pero ojo con el ‘target’.

II
Bitácora de los precas

El pasado viernes entrevistamos al precandidato de la alianza Va por Sonora, Ernesto Gándara Camou en los micrófonos de la Red 93.3, que transmite desde Guaymas para todo el sur del estado, y para todo el mundo a través de su plataforma digital, y también por la señal de TV Azteca Tucson para todo el sur de Arizona.

Aunque la mayoría de las encuestas lo ubican en un empate técnico con su contrincante de Morena, y algunas hasta lo colocan ligeramente arriba, El Borrego dijo no creer más que en la encuesta del 6 de junio, que es donde se decidirá todo.

Reiteró su voluntad de no caer en confrontaciones personales estériles, pero eso no significa, dijo, “eso no significa que no haya decisión, valentía, firmeza para cuestionar el centralismo, la imposición, el amedrentamiento que luego quieren hacer, ahí sí los paramos y en seco. Sonora es para que decidan los sonorenses, la gente que vive aquí, que se la ha partido; no queremos imposiciones absolutamente de nada ni de nadie”.

El precandidato de Morena mientras tanto cerró en Navojoa una gira que incluyó a Guaymas y Cajeme. En la llamada Perla del Mayo, Alfonso Durazo se comprometió a diversificar la oferta educativa, a consolidar la agroindustria; sugirió la creación de un metrobus y a construir el primer hospital del Insabi, así como a promover la energía solar.

Antes, en Cajeme, presentó el libro “Sonora 2021: propuestas para su transformación”. Se trata de una colección de textos coordinado por él mismo y al que calificó de “un esfuerzo editorial inédito e histórico”.

El precandidato de Movimiento Ciudadano cerró la semana con una concentración de personas a bordo de sus vehículos en el estacionamiento del nuevo estadio de Los Yaquis en Ciudad Obregón.

Nomás como dato, es la concentración presencial más grande en lo que va de las precampañas, y se dio en Cajeme, la tierra del precandidato, el segundo municipio de mayor peso electoral y donde Ricardo Bours tiene su principal bastión.

Ha habido encuentros de otros precandidatos con sus simpatizantes que fueron más nutridos, pero por la vía virtual, como seguramente seguirán realizándose otros en el futuro de esta campaña en tiempos de pandemia.

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