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Casi todos sabemos querer, pero pocos sabemos amar 

Manuel Alejandro (Manuel Álvarez-Beigbeder Pérez)

El amor perfecto significa amar a la persona 

por la cual uno se volvió desgraciado

Søren Kierkegaard

No puedo vivir ni contigo, ni sin ti.

Ovidio (Publius Ovidius Naso)

Cuando leí que Marriage Story (Historia de un matrimonio) había superado en nominaciones para los Globos de Oro, a JokerIrishmanDolor y gloria y Once upon a time in Hollywood, realmente me sorprendí. El pasado fin de semana me di la oportunidad de verla y después de hacerlo, sigo más sorprendido aún. No me cabe duda que en el cine, la temática es una variable tan importante como la calidad cinematográfica de un filme. Y conste que con ello no estoy diciendo que Historia de un matrimonio no tenga calidad. La tiene, y mucha… como las otras citadas, pero la temática atrapó a la Asociación de la Prensa Extranjera de Hollywood y a las pruebas me remito. 

Coincido con aquellos que consideran que podría haber sido mejor el título de “Historia de un divorcio”. Soy un ferviente creyente de la institución matrimonial, de que su principal insumo es el amor (o debería de serlo) y que éste, al menos como yo lo concibo, es imperecedero; es que me resulta doloroso que “un matrimonio” pueda culminar de la manera que lo hace en la cinta.  

Sin embargo, no dejo de reconocer que el primero en darme un gancho al hígado sea Tolstoi (…decir que uno puede amar a una persona por toda la vida es como declarar que una vela puede mantenerse prendida mientras dure su existencia…). Luego, la realidad termina rematándome: según cifras del INEGI, el año pasado aumentó 6.5% el número de divorcios en México. Eso significa que los mexicanos tomaron la decisión de divorciarse más y casarse menos, pues la unión conyugal cayó 4.7%. Las cifras recientes muestran que por cada 100 matrimonios ocurrieron 31.2 divorcios. La causal principal fue el divorcio incausado o divorcio exprés (60.4%), seguido por el de mutuo consentimiento (36%). El divorcio exprés debe tramitarse ante un juez y, al contrario del divorcio necesario, no requiere que existan causales o motivos legales para separar el matrimonio, por eso se le denomina incausado. Basta con que uno de los cónyuges considere que hasta aquí llegó el corrido, acuda a un juzgado y colorín colorado, este cuento se ha terminado.  La edad promedio al divorcio fue de 38.7 años para las mujeres y 41.3 años para los hombres. A mayor escolaridad, mayor probabilidad de divorciarse. 

En Sonora, el año pasado se casaron 40.7 parejas diariamente, pero en el Poder Judicial del Estado, más de la mitad acudieron a solicitar el divorcio. Los datos muestran que en nuestro estado en 2018, se consumaron 14,874 matrimonios y se presentaron 9061 separaciones. Para los divorcios incausados, el tiempo promedio de resolución de los casos se mueve entre uno y dos meses. 

Regresando a la película, ésta ha conseguido en escasos días, detonar un interesante fenómeno de polarización en las redes sociales entre quienes la han visto. Pero más interesante resulta abrevar en las argumentaciones de unos y otros. Entiendo que es casi imposible hablar de un film de reciente estreno sin caer en el uso de spoilers. Con esto en mente, debería detenerme y no decir más de la trama y dejar que cada un@ de Ustedes decida si le entra o no a la polémica. Pero no lo haré… no puedo dejar de imaginarme cual habría sido la historia si no hubiera existido la participación de los abogados. Es impresionante como Nora, la abogada de Nicole, en un compás de espera en el pleito, mientras solicitan alimentos, se dirige a Charlie y le hace manifiesta su admiración calificándolo de genio para retomar instantes después su papel de agresiva abogada y darle ahí, donde duele mucho. 

Tampoco puedo dejar de contrastar ésta película con otras como, Kramer vs. Kramer (Robert Benton, EUA 1979). En ambas el papel de crio en el desenlace es determinante. En Escenas de un matrimonio

–Scener ur ett äktenskap– (Ingmar Bergman, Suecia 1973) al igual que en ésta, se exponen magistralmente los (múltiples) motivos del lobo (antropológicos, psicológicos y sociales), tanto los imperantes como los atemporales. Hay dos cosas que resultan imposibles de ocultar por el olor: las guayabas y la caca. Bergman lo ilustra magistralmente cuando en el segundo episodio de su película hace alusión a éstas bombas de tiempo en la relación amorosa y lo califica como “El arte de meter la basura bajo el tapete”: malentendidos, silencios, promesas rotas, resentimiento acumulado, desconfianza, falta de sexo, infidelidad, intromisiones, indiferencia, deseos de venganza y sigan Ustedes acrecentando la lista.

¿Cómo llegamos hasta aquí? ¿Por qué no podemos regresar a lo que éramos? ¿Por qué no la dulce, la desquiciada, la siempre añorable locura de antes? Son preguntas que subyacen en la canción que Charlie entona en el bar con sus amigos. 

La vida amorosa es paradójica como menciono en el título, y los tres epígrafes que lo acompañan le sirven de sustento. Los fundamentos del amor perfecto los escuchamos como oír llover; los escuchamos cada vez que acudimos a una unión matrimonial donde se lee a San Pablo (1 Corintios 13, 4-7), pero como diría Serrat: …los muertos están en cautiverio y no nos dejan salir del cementerio…

La película sin embargo deja abierta una ventana para la resiliencia, porque lo que no te mata, te fortalece. Viene a mi recuerdo aquí la escena final de An Unmarried Woman (Paul Mazursky, EUA 1978): Jill Clayburgh con música de Bill Conti siguiendo la premisa de los enanitos verdes de correr el riesgo de levantarse  cuando un@ se cae.

Por mucho que yo lo crea, muchos dirán que seguir los preceptos de San Pablo siempre ha sido una fantasía, una entelequia que muy pocos logran consolidar, aún, siguiendo los consejos que Erich Fromm pueda darnos en El arte de amar. Los hechos parecen darles la razón. La ecuánime y terrena objetividad que Ángeles Mastretta manifiesta en una reseña que hizo en Nexos en 1986 a dos novelas que versan sobre la relación amorosa, consigue echar un balde de agua helada sobre las tensiones en pugna, sin pretensiones explicadoras pero invitando a la reflexión de manera muy fina:

…Aunque el desencanto todo lo permea, también está siempre acompañado de una terca esperanza mal disimulada. Las parejas que siguen juntas después de muchos años, son un ejemplo preciso de esto que les digo. Viven, conviven, se aburren, dejan de mirarse y hasta de oírse, pero no se abandonan. Sería fácil decir que sólo por flojera y por miedo, que sólo porque no han sido capaces de algo tan grandilocuente como el odio. Pero quizá lo cierto es que, abajo de todos los desencantos, incluso de los que se exhiben, se pasean, se visten de amores clandestinos o romances imposibles, sobrevive la ingrata certidumbre de que es posible volver a vivir en el fino, insoportable y audaz silencio de los amorosos.

¿Quién que se desenamora no sabe que el desamor es tan inasible y pasajero como el amor?

Salud y paz. 

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